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Chile a 40 años del golpe: Pepe Viñoles, memorias de un uruguayo en el Chile del 73

Estocolmo | Chile 42 años
Publicada:2013-09-01
Por Estocolmo.se/Marta Inostroza

40 años han transcurrido de aquella fatídica mañana en que Chile entero se despertó al ruido de las botas y de los carros de guerra que golpeaban el asfalto y del sonido de los motores de los Hawker Hanter que partí­an el cielo para derribar con sus cohetes Sura el sí­mbolo del poder: La Moneda. Así­ brutal y despiadadamente se destruyo no sólo la sede del Gobierno sino el sueño de millones de chilenos que creyeron que todo era posible y que una sociedad más justa, más igualitaria, más solidaria y humana se lograba libremente siguiendo las reglas del juego democrático.



Pepe Viñoles con Harald Edelstam en una actividad solidaria con Uruguay en los años 80


A cuatro décadas de entonces recordamos en los testimonios de, Manuel Cespedes, Jorge Antonio Vassallo, Pepe Viñoles, Héctor estrellas, entre otros y desde sus propios y personales aportes, cómo vivieron esa experiencia, cómo ha sido el transcurrir de sus vidas en el exilio y cómo vislumbran desde la distancia ese Chile, que cada vez les resulta más lejano y ausente.

Iniciamos así­ desde Suecia, en estocolmo.se, la publicación de una serie de testimonios en conmemoración a los 40 años del golpe militar en Chile.

Pepe Viñoles
La solidaridad de Allende con los perseguidos polí­ticos de países hermanos, fue una de las medidas centrales de su gobierno y por ende tema de conflicto con los sectores de la oposición. Así­, en el caso de los militantes de izquierda uruguayos, Chile se constituyó no solo en un lugar de refugio sino también en la posibilidad de participar o ser testigos de esta experiencia inédita en América Latina que constituyó el Gobierno de Salvador Allende.

Hasta septiembre de 1973 habí­an llegado a Chile cerca de dos mil uruguayos, en su gran mayoria militantes del Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros. Los primeros en llegar fueron presos polí­ticos a los que el Gobierno de Jorge Pacheco Areco y luego el de Juan Maria Bordaberry les permitirí­a el amparo a la opción constitucional de salir del paí­s. El gobierno de Salvador Allende tuvo una polí­tica muy amplia con respecto al ingreso no solo de estos refugiados que llegaban de Uruguay, sino también a perseguidos polí­ticos de otros paí­ses latinoamericanos. La solidaridad de Allende con los perseguidos polí­ticos de paí­ses hermanos, fue una de las medidas centrales de su gobierno y por ende tema de conflicto con los sectores de la oposición. Así­, en el caso de los militantes de izquierda uruguayos, Chile se constituyó no solo en un lugar de refugio sino también en la posibilidad de participar o ser testigos de esta experiencia inédita en América Latina que constituyó el Gobierno de Salvador Allende.

Pepe Viñoles fue uno de esos cientos de militantes Tupamaros que llegaron a Chile a comienzo de los 70. Pepe llegó en julio de 1972. Un año y tanto más tarde, en octubre de 1973, se asila en la Embajada de Cuba, que en esos momentos estaba bajo la protección de Suecia y de su embajador, Harald Edelstam. En noviembre de ese mismo año llega al campamento de refugiados de Ystad


Qué recuerdos tienes del dí­a del golpe?
- El 11 temprano por la mañana estaba en mi casa, en Santiago, con mi familia y otros compañeros. Viví­amos en un apartamento en la calle Rosas esquina con San Martí­n, muy cerca del Mercado del Mapocho y no lejos de La Moneda. Nos despertamos con el primer vuelo de los aviones sobre Santiago. Recuerdo que comenté "Ya están los aviones gringos acá" porque habí­a leí­do que ese dí­a 11 llegaba a Chile una escuadrilla de acrobacia aérea de Estados Unidos. Sintonizamos la radio y llegamos a escuchar los dos mensajes del presidente Salvador Allende anunciando el golpe y pronunciando lo que serí­a su histórico testamento polí­tico. Se acalló su voz y si mal no recuerdo poco después los militares ya con las radios en sus manos anunciaron que bombardearí­an La Moneda si Allende no se rendía. Después se hizo un silencio casi interminable hasta que vimos desde los ventanales de la casa a los aviones que surgí­an desde el Mapocho y disparaban sus rockets sobre el palacio de gobierno, realizando varios sobrevuelos. Si bien desde donde viví­amos no podí­amos ver La Moneda -que estaba rodeada de edificios más altos- ya cerca del mediodí­a pudimos advertir las columnas de humo de los incendios causados por los bombardeos. Como ya nos habí­a sucedido antes cuando se produjo el Tanquetazo, estábamos en ese perímetro de la ciudad encerrados por las fuerzas de los militares y carabineros. Despúes más tarde supimos de la muerte de Allende y los golpistas anunciaron el toque de queda. Las semanas siguientes al Golpe hubo que vivir bajo agitadas circunstancias junto a mis compañeros, hasta que logramos salir del país.

Qué se interrumpe en tu vida con ese hecho?
- Bueno, cambia todo el carácter de las tareas polí­ticas  que estaba haciendo en Chile por Uruguay y por otros paí­ses vecinos.

Cual crees que fue la clave del éxito del golpe?

- Las causas pudieron ser muchas. Pero hoy a la luz de lo que ha pasado en otros lados se puede ver que el imperialismo y la derecha chilena pudieron contar con las fuerzas armadas y una Constitución para dar el golpe militar contra la izquierda y el pueblo en el gobierno. Por otra parte América Latina era otra y lo que rodeaba a Chile entonces eran  paí­ses con gobiernos de derecha o directamente con dictaduras, todos pro norteamericanos. Habí­an pocas excepciónes y Cuba estaba muy lejos geográficamente.

Haberse quedado o haber sido obligado a salir de un paí­s no es ni un privilegio ni un desmérito. Pero confieso que toda esa discusión siempre me ha parecido bastante "fubolera", aparte de mezquina.
A partir de tu experiencia, cuales son las cosas más importantes que rescatas de ese tiempo?

- Dos cosas, entre muchúsimas más: haber aprendido de una vez y para siempre, que el imperialismo y la burguesí­a si se sienten amenazadas o en peligro de ser despojados de sus privilegios históricos de clase, van a defender siempre sus intereses económicos y sociales. No dudarán ni un minuto en emplear todo el aparato del Estado y la violencia contra las mayorias. Esto antes de llegar a Chile lo habí­a leí­do, pero allá­ lo vi escenificado en la realidad por miles de actores de carne y hueso, como si hubiera estado antes presenciando privilegiadamente otros acontecimientos históricos de la dimensión de la Comuna de Parí­s o la Guerra Civil española. Y esto no es un cliché, es un elemento constante históricamente que varí­a en las formas según las diversas situaciones y realidades.Y lo otro que le agradezco a Chile y a las circunstancias que nos tocó vivir, es habernos dado también para siempre "un baño" de Latinoamérica. La pertenencia a una historia y destino común, más allá de los chauvinismos y las patrias chicas de donde venimos.

Qué consecuencias inmediatas tuvo el golpe para ti?

- Que no pude permanecer en Chile y tampoco en América Latina.

Foto:Gabriel Flores Jair

Que ha significado el exilio para ti y cuales fueron tus actividades?
- El exilio significó en lo personal tener que reencontrar el hilo conductor de mi vida, para en otro tiempo y en otro territorio seguir siendo la misma persona, quizás con otras ocupaciones, pero con idénticos intereses y valores. He tenido el privilegio de hacer siempre lo que me gusta. O mejor dicho, quizá no todo de lo que pudiera haber hecho (por desinterés o falta de capacidad o porque no se presentó la oportunidad). Pero nunca me he sentido obligado ha hacer lo que no me gusta. En Suecia, completó estudios, seguí interesándome y trabajando en cuestiones relacionadas a la polí­tica, al arte y la cultura, al tiempo que por espacio de casi treinta años me dediqué al periodismo y a la información sobre América Latina. Por último la vida en Suecia me dió hijos, nietos y muchos amigos entrañables.

Qué reflexión haces a los 40 años del golpe militar?

- Tanto en Uruguay como en Chile, todaví­a no se ha podido lograr lo que que entonces buscábamos. Personalmente creo que la situación en nuestros paí­ses sigue requiriendo soluciones socialistas y no capitalistas para alcanzar la justicia. O como dijo Bolí­var y repitió Chávez para:"Alcanzará  la mayor suma de felicidad posible"

En Chile se hablaba de los que se fueron y de los que se quedaron o del exilio dorado en el caso de los que se quedaron en Suecia. ¿Qué piensas sobre ello?

- No sólo en Chile también en Uruguay se habla a veces en esos términos. Debemos recordar que quienes inventaron esa falacia fueron las dictaduras para desacreditar a los exiliados y aislarlos del resto de la población dentro de nuestros paí­ses. Se propagaba la idea de aquí­ en Europa nadábamos en la riqueza, Parece que en muchos prendió eso y se sigue repitiendo. Será por eso que después algunas personas allá en Uruguay o Chile se sintieron autorizadas moralmente para aprovecharse y desplumará  los pocos ahorros reunidos por muchos retornados limpiando pisos, lavando platos o trabajando en una fábrica etc. y no precisamente viviendo a lo rey. Conozco bastante exiliados para saber cómo han vivido y también a muchos en mi paí­s para saber también cómo viven hoy. Haberse quedado o haber sido obligado a salir de un país no es ni un privilegio ni un desmérito. Pero confieso que toda esa discusión siempre me ha parecido bastante "fubolera", aparte de mezquina. Y podemos meterla en la bolsa común de lo todo lo retrógrado. Como dicen los más viejos: "Ya vendrín tiempos mejores", para que se pueda discutir y entender mejor ciertos asuntos que hay interés hoy en simplificar.

Durante estas cuatro décadas cuál es la pregunta que te has hecho y que aún no tiene respuesta?
- No sé, porque sigo haciéndome siempre preguntas y encontrando algunas respuestas que nunca me contentan del todo.


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