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Tira, cobarde. Vas a matar a un hombre


Bolivia | Gente
Publicada:2016-10-09
Por Luis Sepulveda

... fue el ocho de octubre a eso de las dos y media de la tarde. Éramos cuatro soldados de la compañía “b” de rangers al mando del cabo Balboa que de puro miedo nos habíamos alejado del tiroteo de la quebrada del Yuro.



Che en Santa Clara, Cuba.

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Gijón, Asturias, España.- Un recuerdo de un día como hoy en Bolivia. Son trozos de una conversación mantenida con Julia Cortés, la maestra que llevó comida al Che, y con uno de los soldados que capturaron a "Willy" y al Comandante Guevara. La entrevista-reportaje completa la publiqué en Die Tages Zeitug -TAZ- Berlín 1996. La foto muestra al Che en Santa Clara, Cuba.

... fue el ocho de octubre a eso de las dos y media de la tarde. Éramos cuatro soldados de la compañía “b” de rangers al mando del cabo Balboa que de puro miedo nos habíamos alejado del tiroteo de la quebrada del Yuro. Entonces, de improviso, nos topamos con los dos combatientes. Uno, después supimos que se llamaba Simón Cuba, cargaba a otro guerrillero herido en una pierna y al que le costaba respirar. Los dos llevaban fusiles en bandolera. El del herido era un garand m-2 con el cañón torcido, totalmente inútil, pero el hombre lo llevaba terciado a su espalda colgando como un animal muerto. Nos ocultamos rogando para que no nos vieran. Aquellos hombres eran criminales, subversivos, tenían experiencia de guerra en África y Viet Nam, no respetaban a los prisioneros y mataban por el placer de matar. Así nos lo habían asegurado los oficiales yanquis. 
No nos vieron, y al sentirse solos decidieron bajar una pendiente muy escarpada de unos sesenta metros, casi vertical. Al verlos pegados a la roca el cabo Balboa se llenó de valor y dio la orden de ataque.
Aquellos hombres no tenían la menor posibilidad de escapar y tampoco de usar las armas, porque el fusil de Simón Cuba apenas tenía dos balas en el peine y el otro estaba fuera de combate. Los rodeamos, Balboa les ordenó alzar las manos y quiso darle un culatazo al herido. Entonces Simón Cuba gritó:
-¡Este es el comandante Guevara, carajo, y lo van a respetar!..

... Encina, Choque, Balboa y yo nos miramos. Habíamos capturado al Che Guevara y no atinábamos a movernos. El herido nos miró a los ojos detenidamente, uno a uno, y luego se encogió de hombros.
El soldado Choque sacó un hilillo de voz y señalando una piedra le dijo:
-Está herido, ¿no quiere sentarse, señor?
El Che no respondió. Se llevó una mano al bolsillo de la guerrera sucia y desgarrada, sacó un paquete de cigarrillos Astoria y nos ofreció una ronda que aceptamos con timidez. Eran los últimos cinco. Luego hizo una bola con el paquete vacío y lo arrojó entre los arbustos. Qué carajo-pensé-, estoy fumando con el Che Guevara...

... -¿vos estás al mando?- preguntó el herido.
-Positivo, señor- respondió el cabo.
-¿Y cómo te llamás?
-Cabo Nicomedes Balboa Huayllas, para servir.
-Flor de nombre para un comandante guerrillero.
-Gracias, señor, pero ahorita tengo que avisarle al capitán Prado que lo capturamos. Tenga la bondad de entregarnos la pistola que lleva a la cintura...

...una hora y pico nos quedamos allí, sin hablar, mirando como el comandante guerrillero daba golpecitos amistosos a su compañero que permanecía cabizbajo, pensando en la suerte que les esperaba, hasta que se presentó el capitán Gary Prado con un destacamento de rangers.
-Usted,¿quién es?-interrogó a Simón Cuba.
-“Willy”- respondió, porque ése era su nombre de combate.
-¿Y usted?- se dirigió al Che.
-Comandante Ernesto Guevara. No tenga miedo- contestó mirándolo fijamente a los ojos.
El capitán Prado hizo amago golpearle la cara, pero el Che no se inmutó y siguió mirándolo a los ojos. El oficial retrocedió , le ordeno que le mostrara la mano izquierda, y aquel hombre de ojos marrón claros, larga melena casi color cobre, barba rala y crecida, boina negra con una estrella de latón, uniforme hecho harapos, chamarra azul con capucha y el pecho semi desnudo porque la guerrera casi no tenía botones, extendió la mano izquierda y vimos en su dorso la cicatriz que lo identificaba. 
-Átenlos - ordenó el capitán Prado. Lo hicimos y emprendimos el descenso hacia La Higuera...

... En un cuarto metieron a Simón Cuba junto a los cadáveres de dos guerrilleros llamados “Olo” y “René”, en otro al Che, al que a los pocos minutos se agregó Pablo Chang, “El Chino”, un combatiente cubano ciego a causa de una herida en el rostro. Un soldado quitó las amarras de las manos del Che, y lo primero que hizo fue revisar las heridas de su compañero.
Junto a la puerta de la escuela, Ayoroa y Senlich abrieron la mochila del Che. En ella había doce rollos de película, unos pequeños mapas corregidos a mano con lápices de colores, una radio portátil, dos libros de claves, un cuaderno con los mensajes enviados y recibidos, otro de tapas verdes con poemas, y otro par de cuadernillos más pequeños escritos con la letra apretada del guerrillero.
-Mierda. No hay más que mierda- exclamó el coronel Senlich.
-En la mochila de Willy hay algunas medicinas, repártalas entre sus hombres heridos y a nosotros denos unos analgésicos. Como ve, tengo una bala en la pierna y duele la condenada- dijo el Che.
El coronel Senlich no respondió, pero sacó una aspirina de un bolsillo de su guerrera y la tiró al prisionero...

... en la escuela había otros dos hombres junto a los prisioneros. Eran, el subteniente Toti Aguilera y el suboficial Carlos Pérez Gutiérrez. Se preparaban para llevar al chino Chang al cuarto contiguo, junto a Simón Cuba y los dos guerrilleros muertos.
El combatiente ciego apretó los brazos del Che.
-El más grande honor de mi vida fue luchar a tus órdenes, Comandante- dijo, y lo sacaron a empellones. El Che tomó asiento en una banquita y permaneció en silencio. Se oyeron disparos. Habían matado a sus compañeros. El Che siguió en silencio.

... la maestra le llevó comida, unas humitas que el guerrillero rechazó con un gesto, indicando que tenía las manos atadas. Enseguida la miró fijamente a los ojos y luego le indicó el pizarrón.
-¿Sabe que la e de sé lleva acento en “ya sé leer”? Por cierto, en Cuba no hay escuelas como estas. Para nosotros esto sería una prisión. ¿Cómo pueden estudiar aquí los hijos de los campesinos? Esto es anti pedagógico.
-Nuestro país es pobre- replicó Julia Cortez.
-Pero los funcionarios del gobierno y los generales tienen automóviles mercedes y abundancia de otras cosas, ¿verdad? Eso es lo que nosotros combatimos.
-Usted ha venido de muy lejos a pelear en Bolivia.
-Soy revolucionario y he estado en muchos lugares.
-Usted ha venido a matar a nuestros soldados.
-Mire, en la guerra, se gana o se pierde- concluyó el Che...

... -bueno, yo...-farfulló Mario Terán.
-Para qué molestarse. Sé que viene a matarme- dijo el Che poniéndose de pie.
Terán apoyó toda la espalda contra el marco de la puerta mientras alzaba el fusil.
-Tira, cobarde. Vas a matar a un hombre-fueron las últimas palabras del guerrillero.
Terán apretó el gatillo y una ráfaga destrozó las piernas del Comandante, derribándolo. La segunda ráfaga le destrozó un brazo, un hombro y el corazón...

... nadie se fijó en mí. Los campesinos se santiguaban y en aymara empezaban a llamarlo San Ernesto de La Higuera, los oficiales se hacían fotos junto al cadáver del Che, los soldados, atemorizados, vigilaban los cerros y creían ver a la columna vengadora entre la espesura...

Fuente: FB-Luis Sepulveda


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