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Los arrepentidos: magistral y transgresora


Chile | Cultura
Publicada:2018-06-03
Por Agencias

En Los arrepentidos, del dramaturgo sueco Marcus Lindeen, el director Víctor Carrasco se apropia de la imaginería trans, la recrea y la imagina.





En Los arrepentidos, del dramaturgo sueco Marcus Lindeen, el director Víctor Carrasco se apropia de la imaginería trans, la recrea y la imagina. Con una paleta de colores entre el azul y el rojo furioso, explora las relaciones entre poder, deseo e identidad. Incluso uno de los personajes hace una cita textual al andrógino Orlando, de Virginia Woolf.

Orlando y Mikael cuentan sus cambios de sexo en los años 60 y 90, exhiben fotos íntimas añejadas por el tiempo y devoran confidencias con crudeza y humor corrosivo. A través del ensamble de estos dos testimonios reales, en Los arrepentidos, del dramaturgo sueco Marcus Lindeen, el director Víctor Carrasco se apropia de la imaginería trans, la recrea y la imagina. Con una paleta de colores entre el azul y el rojo furioso, explora las relaciones entre poder, deseo e identidad. Incluso uno de los personajes hace una cita textual al andrógino Orlando, de Virginia Woolf.

Las actuaciones son magistrales e impecables. El fascinante personaje de Orlando (Alfredo Castro) nació hombre y al transformarse en mujer se casó y duró 11 años hasta que fue descubierta por el marido. Luego de varias operaciones, es hombre otra vez. Subversivo, radical e irreverente, su exotismo kitsch evidencia la coexistencia de visualidades y discursos masculinos y femeninos. Su cuerpo también es una ficción y su intersexualidad es análoga a la intertextualidad del relato, un híbrido entre textos y texturas, marginación y cosméticas sobrecargadas, violencia y pelucas excéntricas, lentejuelas y siliconas, que recuerdan la serie fotográfica La manzana de Adán, de Paz Errázuriz. En Orlando, el imaginario femenino es recreado con maestría desde la irrealidad del artificio. Mucho menos estrafalario y vistoso, Mikael (Rodrigo Pérez) se operó para ser mujer y ahora de Micaela intenta convencer a sus doctores para que lo cambien de vuelta. Viste de hombre, usa camisas anchas para ocultar sus pechos y se siente perdido entre dos sexos.

La puesta en escena reflexiona sobre cuál es la relación entre teatro e identidad trans. Coincidiendo con los postulados de la teórica Judith Butler, la obra propone que el género es casi una performance y puede ser cambiado a voluntad, como un traje, las veces que se quiera. La mayoría de las personas trans, al contrario de los dos personajes, ven su género como algo propio e irrenunciable. Al igual que el texto sueco, los estudios transgénero valoran el relato de la experiencia corporal. Es el caso del filósofo Paul B. Preciado (nacido Beatriz Preciado) quien escribió en 2008 Testo yonqui, donde de forma autobiográfica describe su proceso de autoadministración de testosterona. Ser transgénero es hoy más valioso que el análisis intelectual y externo a cargo de la academia o la literatura. Los cuerpos en eterna transición de Los arrepentidos son indefinibles y movedizos, pero es en el acto del habla donde se marcan y fijan sus identidades. La necesidad de una ley de identidad de género se instaló luego de Una mujer fantástica, la calidad y complejidad de este montaje anticipa que se convertirá en uno de los mejores estrenos del año y acaso ayude a acelerar un debate inevitable y urgente.

Obra del sueco Marcus Lindeen, que retrata el encuentro real entre dos hombres que han transitado por distintos géneros a lo largo de sus vidas. Un estreno que indaga en la identidad y su búsqueda, interpretado por Alfredo Castro y Rodrigo Pérez. Dirige Víctor Carrasco.

Es verano del 2006 en Suecia. Orlando y Mikael están por primera vez uno frente al otro. Tienen más de 60 años y una conversación por delante sobre lo que, para su sorpresa, comparten: Ambos han transitado por distintos géneros a lo largo de sus vidas. La transcripción de esa primera conversación entre ellos es el texto de Los arrepentidos, del artista, escritor y director sueco Marcus Lindeen. La obra llega a Chile en una coproducción de GAM y el Teatro de la Palabra, dirigida por Víctor Carrasco.

Orlando y Mikael son dos adultos mayores que en ese primer encuentro hablan de los diferentes momentos, circunstancias y motivaciones de sus operaciones de cambio de sexo, de la vida antes y después de ellas, y de lo que hizo que ya no quisieran vivir como mujeres. “¿Necesitas tener un pene nuevo? ¿No puedes vivir tal como eres? Sigues siendo tú con o sin pene”, dice uno de ellos. Son dos personas diferentes, que hablan sobre sus vidas, problemas, estrategias, recuerdos, reflexiones y sueños. Desde cómo eligieron su nombre de mujer a las técnicas que usaban para ocultar que nacieron como hombres.

Hace más de 15 años que una obra no reunía en su elenco a estos dos grandes del teatro chileno: Rodrigo Pérez y Alfredo Castro. Alfredo interpreta acá a Orlando, un joven gay que creció cuando era ilegal serlo y que en 1967 decidió operarse, siendo uno de los primeros cambios de sexo en Suecia. Rodrigo interpreta a Mikael, quién lo hizo cuando ya tenía más de 50. Ambos son personajes que asfixiados por no calzar en las concepciones restringidas de género, eligieron probar uno de los binarios y después de un tiempo intentan cambiar otra vez.

Víctor Carrasco estaba investigando el tema trans cuando dio con la obra, le escribió al autor y se pasó esa noche en vela leyéndola. Inmediatamente decidió hacerla. “Lo que me pareció súper transgresor es que habría una puerta hacia algo que es casi tabú, porque al iniciar un camino, pareciera que es un camino sin retorno. Y la obra trata de la búsqueda de la identidad cómo un proceso que no se termina. No es sobre el ensayo y error, sino sobre que hay otras formas de búsqueda. Y lo hace con honestidad, porque ellos no están modificando su discurso para parecer súper progres, porque son personas comunes y corrientes que toman una decisión tan compleja y son capaces de replantearse la vida”, dice Víctor.

La obra va revelando cambios de épocas sociales y personales, que se reflejan incluso en fotos reales de Orlando Y Mikael que forman parte del montaje.

Los arrepentidos ha sido traducida al francés, alemán, noruego, inglés y español. Además existe un documental homónimo, también de Marcus Lindeen.

Autor: Marcus Lindeen
Traducción:
Constanza Brieba

Dirección y diseño de espacio: Víctor Carrasco

Asistencia de dirección: David Gaete 

Elenco: Alfredo Castro y Rodrigo Pérez

Diseño de iluminación: Andrés Poirot

Diseño audiovisual: Javier Pañella y Nicole Senerman

Diseño sonoro: Daniel Marabolí

Composición musical: Fernando Milagros y Diego Perinetti

Producción ejecutiva: Bárbara Nash

Producción en terreno: Manuel Morgado

Fotografía: Alejandro Bustos.


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