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Unidos en la vida y la muerte: historia de amor de Alejandro Sieveking y Bélgica Castro


Por Agencias
Publicada:2020-03-06

La actriz y el joven dramaturgo comenzaron a salir, pero no era una situación favorable para la época: trece años mayor, ella aún estaba casada con el actor y director Domingo Tessier, con quien tenía un hijo.

Alejandro Sieveking y Bélgica Castro en su departamento en 2016. FOTO:JOSE LUIS MUNOZ / LA TERCERA
E
ra una de las parejas más queridas, admiradas y productivas de la escena teatral del país. Se enamoraron en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, donde ella –trece años mayor- fue la profesora del dramaturgo y actor fallecido ayer. Durante esta tarde la actriz y compañera del autor de La Remolienda falleció en su casa a los 99 años. Estuvieron casados por 60 años. “Vivían el uno para el otro”, recuerda Héctor Noguera

El monólogo de Sonia, en el crepuscular cierre de Tío Vania, es uno de momentos más memorables del teatro de Chéjov: “¡La alegría vendrá a nosotros y, con una sonrisa, volviendo con emoción la vista a nuestras desdichas presentes, descansaremos! ¡Tengo fe, tío!”. En 1953, en el Teatro Municipal de Santiago, Bélgica Castro fue Sonia. Y su interpretación deslumbró a un joven estudiante que estaba entre las butacas. “Después la seguí en cada presentación, haciendo Doña Rosita la soltera, Todos son mis hijos y Chañarcillo”, recordaba Alejandro Sieveking.

Hija de emigrados españoles, nacida en Temuco en 1921, Bélgica Castro era una de las actrices estrellas del Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Sieveking había viajado desde Rengo, donde nació en 1934, para estudiar arquitectura. Dejó la carrera y en 1954 ingresó al Instituto de Teatro de la Universidad de Chile (ITUCH).

Ayer Alejandro Sieveking falleció a los 85 años. Hoy mientras era velado en el Teatro Nacional Chileno, su esposa, la actriz y Premio Nacional 1995 falleció en su casa, el mismo día que cumplía 99 años. Ambos están siendo velados hasta las 20.00 hrs en el mismo reciento.

En la escuela, Bélgica Castro sería su profesora de historia del teatro y Sieveking, quien tempranamente demostró talento para la dramaturgia, buscó su apoyo: “Y como alumno yo le llevaba mis obras para que las leyera y me diera si opinión”, recordó.

La relación entre ambos no fue inmediata: ella viajó a Uruguay, para participar del montaje de Las tres hermanas de Chéjov. El flechazo ocurrió finalmente en 1956, cuando coincidieron en la puesta en escena de Un sombrero de paja en Italia en el Teatro Antonio Varas. En el elenco también estaba Víctor Jara, compañero de Sieveking y quien fue testigo de su romance.

La actriz y el joven dramaturgo comenzaron a salir, pero no era una situación favorable para la época: trece años mayor, ella aún estaba casada con el actor y director Domingo Tessier, con quien tenía un hijo.

“Yo tenía 22 años. A mí ella me inspiraba y, obviamente, eso era fácil. Lo difícil es que ella se enredara conmigo. Lo que nos pasó es que nos reíamos con las mismas cosas, nos cargaban las mismas cosas. Ramón Núñez nos dice ‘es desesperante que estén pensando lo mismo sin consultarse siquiera’”, recordaba Sieveking.

La relación fue un escándalo entonces. “Una vez un profesor de la universidad me llamó aparte, me invitó a tomar té y me dijo que estaba completamente loca”, relató Bélgica.

“Los primeros cinco años fueron complicados. Los amigos de la Bélgica la llamaban para retarla”, contó Sieveking. “Pero fíjate que la mamá de Alejandro me aceptó inmediatamente”, añadía Bélgica. “Y eso que él era el hijo menor, adorado, y yo una mujer mayor, separada y con un niño”.

Pese a los prejuicios y el ambiente adverso, “el sentimiento fue mayor”, diría ella. Finalmente y tras lograr la nulidad de su primer matrimonio, Bélgica Castro se casó con Alejandro Sieveking en 1962.

Como pareja, su primer trabajo juntos fue unos años antes, en Parecido a la felicidad (1956), la primera obra que dirigió Víctor Jara. Con el músico los tres formaron una productiva sociedad creativa: Sieveking escribía, Jara dirigía y Bélgica Castro protagonizaba. Sus críticos los llamaban “el Clan de los Castro”. Juntos estrenaron también Ánimas de día claro y La remolienda, hoy auténticos clásicos de nuestra dramaturgia.

Inseparables

“Antes de enamorarme me escribía papeles para mí”, contaba Alejandro Sieveking a Cristián Warnken en su programa La belleza de pensar. “En el minuto que me enamoré empecé a escribir papeles para ella. El papel de Ánimas de día claro era para ella… La Bertina es la Bélgica”.

En la perspectiva del dramaturgo, Bélgica “estaba constreñida a hacer cierto tipo de papeles en el Teatro Experimental, la dulce madre Bélgica. Yo estaba completamente en desacuerdo. Yo pensaba que podía hacer papeles que no había hecho nunca, la mujer fuerte y la mujer maligna, que son lo más atractivo para una actriz. Por eso hay tantas mujeres malas en mi teatro”.

En forma paralela a su vocación, Sieveking consiguió empleo en la Biblioteca Nacional. Atendía público y rellenaba fichitas. “Esto, junto con mi desarrollo como dramaturgo, siempre al lado de Bélgica, que era muy crítica respecto de lo que yo escribía. No me dejaba pasar errores”, contaba.

Con Ana González fundaron el Teatro del Angel, pero tras el golpe militar dejaron el país. Se exiliaron en Costa Rica, donde desarrollaron una fructífera escuela teatral. De regreso al país en los 80, volvieron a involucrarse en la escena artística, con numerosas colaboraciones en teatro y también en cine. Participaron en La vida me mata de Sebastián Silva y Gatos viejos del mismo Silva en dupla con Pedro Peirano.


-Es difícil cerrar una historia que está inconclusa como la de ustedes. ¿Quién cree que lo va a terminar de hacer? ¿Los libros de historia?

-Creo que va a pasar como ocurre en la realidad. Los actores pasan, se olvidan, a menos de que estén ligados a un director. Nuestra existencia cuando estemos sumamente muertos va a depender del hecho de que una obra mía sobreviva. Puede que sea el genio más genio o un frívolo del montón que no captó su época. Quizás le he achuntado en algún momento o la historia de nosotros le dice algo a alguien y la usa para contar otra historia. Quizás alguien cuente la historia de una profesora que se acostó con un alumno o quizás se olvidan y cuentan la historia de una alumna que se enamora de un profesor, que voy a ser yo.

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“Somos mutuamente dependientes. Pensamos que solos meteríamos la pata. Cuando yo escribo, ella me corrige, me ayuda mucho. Y yo la ayudo como actriz”, decía él. “Para mí es muy bueno que él dirija. Le tengo una fe ciega, le creo todo lo que me dice”, agregaba ella.

En la última década, compartieron escenario en Todo pasajero debe descender y Pobre Inés, sentada ahí, ambas escritas por Sieveking para Bélgica Castro. La primera tuvo una continuación el año pasado con Todos mienten y se van, pero ella ya no pudo participar: hace unos años padecía de alzheimer.

Mientras cuidaba de su esposa, Sieveking preparó Bélgica y Alejandro, dos vidas para el teatro, un álbum de imágenes y recuerdos que rescata su historia. El no quería sobrevivirla, si bien le preocupaba dejarla desvalida.


“Ellos vivían el uno para el otro. Ellos decían que eran absolutamente dependientes uno del otro. Estaban siempre muy pendientes, por eso les preocupaba tanto su separación”, dice Héctor Noguera.

En el último tiempo, actrices como Catalina Saavedra y Esperanza Silva, presidenta de Chileactores, se mantuvieron muy cerca de la pareja. “Era la mayor preocupación de él que nos comprometiéramos como Chileactores a seguir cuidando de Bélgica”, dijo hoy Esperanza Silva.

Hoy ella siguió a Sieveking. “Es justo que parta con Alejandro, que ni ella ni él cierren los ojos sin poder reírse infinitamente”, declaró en un comunicado Chileactores.

La ceremonia de despedida de ambos será este sábado a las 12.00 hrs, en el mismo Teatro Nacional (Morandé 25), para ser traslados luego al Crematorio del Cementerio General.


Fuente: Tercera - Andrés Gómez





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