De militar infiltrado a militante revolucionario del MIR.
Chile | DD.HH
De militar infiltrado a militante revolucionario del MIR.
Por Alonso Azocar
Publicada:2020-08-11

De militar infiltrado a revolucionario ejemplar. Detención, cárcel, tortura y asesinato de Rubén Morales Jara.
¿A dónde creen que van?, preguntó el oficial mientras los soldados apuntaban a “José Peralta” y al “Milico Morales".


Rubén Morales Jara (Milico Morales)
De militar infiltrado a revolucionario ejemplar. Detención, cárcel, tortura y asesinato de Rubén Morales Jara.

Por: Alonso Azocar

“¿A dónde creen que van?”, preguntó el oficial mientras los soldados apuntaban a “José Peralta” y al “Milico Morales (1)”. “Pásenme sus carnet y suban al camión”. Mientras cumplían la orden un cierto estado de inseguridad les impedía pensar en alguna coartada que los librara de la detención. El oficial miró el carnet de Rubén Morales y con un gesto insistió en que subiera al camión estacionado en calle Padre Luis Valdivia, a solo un par de metros de distancia, bloqueando la salida hacia la Avenida Francisco Salazar. Después, incrédulo, miró una y otra vez el carnet de José Peralta, en el que aparecía el nombre Gustavo Marín Ugaz. “¿Usted no es José Peralta?”, preguntó. “No oficial, y no conozco a nadie con ese nombre…” fue la respuesta de José. “Bueno, continúe no más…pero me quedo con su carnet…vaya mañana a retirarlo al regimiento”, le señaló a Gustavo Marín el oficial de ejército que comandaba el grupo de militares del Regimiento Tucapel que acababa de detener al “Milico” Morales, cuando ambos salían de la casa de este último. Seguramente quería corroborar con el Servicio de Registro Civil e Identificación que el carnet no fuera falsificado.

Gustavo Marín, conocido en Cautín con el nombre político de “José Peralta” que usara como militante del MIR, cruzó la calle en dirección a la Universidad de Chile Sede Temuco, desde donde había salido solo unos minutos antes. Sentía que no avanzaba y que en cualquier momento los militares lo llamarían nuevamente. Se tranquilizó un poco al sentir el ruido del camión que se alejaba en dirección al centro. Al entrar al campus caminó aceleradamente, mirando hacia atrás a cada instante, como si no creyera que el camión ya se había ido. Al ingresar al edificio principal de la universidad se dirigió hasta el casino en donde aún algunos estudiantes estábamos cenando antes de irnos a los hogares. Miró hacia todos lados y al ver la mesa en que nos encontrábamos cuatro o cinco compañeros del partido que estudiábamos en la Chile, se acercó apresuradamente hasta nosotros. “Detuvieron al “Milico”, nos dice. “A él se lo llevaron y a mí me pidieron mi carnet y tengo que ir a retirarlo mañana al Regimiento”. La noticia nos preocupó. “¿De qué lo acusarán?”, preguntó “el Boby”. “No se… no dijeron nada…pero tiene que estar relacionado con los compañeros que fueron desalojados y detenidos en Nehuentúe la semana pasada...”, contestó José (2).

Era el 5 de septiembre de 1973, cerca de las siete de la tarde, y José Peralta, Secretario Regional Malleco-Cautín, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, acababa de asistir a una reunión de la Dirección del GPM Temuco, en compañía de Rubén Morales, “El Milico”, también miembro de Comité Regional. La reunión, en la Sede de la Universidad de Chile en calle Francisco Salazar, buscaba resolver el problema de dirección del partido en Temuco. El Comité Regional quería hacer un cambio de Encargado de nuestro GPM. El “Pelao” Mauricio dejaría el cargo y en la reunión José propuso mi nombre para reemplazarlo. Fue una reunión tensa, en la que yo no acepté esta nueva tarea, señalando que estaba terminando de estudiar Pedagogía Básica y que había planificado un viaje a Chiloé para ver posibilidades de trabajo como profesor. A pesar de opiniones y argumentos que insistían en la nominación, mantuve mi decisión lo que fue tomado por José como “una falta de compromiso partidario” por lo que me criticó duramente. La designación del nuevo encargado quedó sin resolver(3).

Terminada la reunión salimos de la Sala Nº 123 del “Edifico Viejo” de la universidad y caminamos hacia el casino, como llamábamos al comedor para estudiantes. Cerca de la puerta de ingreso al Edificio Nuevo se nos acercaron tres o cuatro compañeros del MUI. Después de saludarnos preguntaron si sabíamos algo de los campesinos de Nehuentúe. “Lo único que sabemos es que los han torturado y que parece que le aplicarán la Ley de Control de Armas”, les respondió José, terminado con un “nos vemos compañeros”. En vez de ingresar al edificio, el “Milico” se detiene para invitarnos a tomar once a su casa, quizás para distender algo el ambiente muy tenso después de lo ocurrido durante la reunión, o, como nos contara dos años más tarde el José en la Cárcel, “porque tenía algo que contarnos”. El “Pelao” Mauricio agradece y dice que no puede por tener otra reunión. Dos o tres compañeros más nos disculpamos por no aceptar la invitación. Rubén insiste: “Paty siempre se alegra de que la visiten… y para que vean como crece Andrés…está más lindo que su padre…”. Estaba feliz con su hijito que hacía poco había cumplido un año. Tres o cuatro compañeros, entre ellos José, aceptan y lo acompañan a su casa, la que estaba en la calle Padre Luis Valdivia Nº 120, Población Pumahue, justo frente a la universidad. Yo no fui porque estaba molesto, no sé si conmigo mismo, con José, o en general con la situación vivida.

Hacía solo unos diez minutos que estaban en casa del “Milico”, cuando sienten el ruido de un vehículo. Al mirar por la ventana ven un camión militar del cual desciende una docena de soldados. Intentan huir, logrando hacerlo quienes saltan el muro del patio y corren hasta la quebrada que da a la población Las Quilas, mientras que José y el “Milico”, intentan salir hacia la Avenida Francisco Salazar y son detenidos. Con la llegada de los militares, queda inconclusa la narración que, según José Peralta, Rubén recién comenzaba y que, dadas las palabras iniciales de la misma, el tono de voz y la actitud, presagiaban que esa tarde se sabría, por su propia declaración, el inmenso cambio vivido por él en los últimos años. El recorrido político-ideológico realizado por él, desde su rol como teniente del ejército chileno encargado de defender el orden burgués, a militante de un partido revolucionario que intentaba destruirlo para construir un nuevo orden, esta vez al servicio de las clases explotadas. Retomaré la narración de ese momento más adelante.

El día jueves 06 de septiembre, temprano en la mañana, se realizó una reunión del Movimiento Universitario de Izquierda, MUI, de la Universidad de Chile en donde se informó de la detención de los compañeros campesinos de Nehuentue y de lo ocurrido el día anterior con el profesor Rubén Morales. También alguien avisó que a José Peralta le habían devuelto su carnet en el regimiento. Algunos plantearon realizar inmediatamente una marcha para pedir la libertad de los detenidos, opción que se descartó pues no sabíamos el lugar de detención y necesitábamos pintar algunos lienzos y pancartas. Se suponía que estaban en el Regimiento, pero también pudieron haber sido trasladados a la cárcel. Se cita a una nueva reunión para el viernes 7 a las 10 de la mañana. Ese mismo día, cerca de las 20 horas, alguien llegó hasta el Hogar Mixto a avisar que durante la tarde “el Milico” fue ingresado a la cárcel en calidad de detenido incomunicado.

El día viernes 7, después de una breve reunión, unos cincuenta estudiantes del MUI marchamos hasta la cárcel exigiendo la libertad del profesor Rubén Morales. “Lo único que podemos informar es que el Sr. Morales se encuentra detenido e incomunicado por orden de don Hernán Morales, Fiscal Militar que investiga la Escuela de Guerrillas de Nehuentue… parece que algo tiene que ver con eso…”, fue la burlona respuesta dada por el Teniente García(4), cuando se les permitió a dos representantes de la Federación de Estudiantes ingresar hasta la Guardia Externa para preguntar si el profesor Morales se encontraba allí detenido.

Durante la tarde del viernes, Patricia, esposa del “Milico”, fue hasta la Cárcel de Temuco llevando algo de comida y ropa para nuestro compañero. ”Me dijeron que mi marido está aquí detenido. Quisiera visitarlo un momento…si usted me lo permite…”, dijo Patricia, en un tono que mesclaba afirmación, pregunta y súplica al mismo tiempo, al gendarme que la atendía en la Guardia Externa. “No va a ser posible señora porque está incomunicado”, contestó el funcionario, de manera escueta y dura, colocando ambas manos sobre el escritorio para inclinar su cuerpo hacia adelante, y mirar de manera fija y arrogante a Patricia. Algo atemorizada Paty le pregunta cuál era el motivo de la detención. El gendarme toma un grueso cuaderno empastado, lo abre y después de un momento, sin apartar la vista de la página que lee, le responde: ”Rubén Eduardo Morales Jara fue detenido el 5 de septiembre por una patrulla del Regimiento Tucapel ingresado a la Cárcel de Temuco en calidad de detenido incomunicado el viernes 7 de septiembre por orden del Fiscal Militar don Hernán Morales Gómez, que sustancia la causa número 1198-73 por infracción a la Ley de Control de Armas”. Agregando con aire altanero: “Como ve su marido no puede tener visitas así que puede retirarse nomás”. Cuando Paty se aleja cabizbaja, sumida en su preocupación, escucha que, con voz algo más amable, el gendarme le dice: “Pero puede traerle comida si quiere…”.

La visita de Patricia se repitió temprano el sábado 8, recibiendo la misma respuesta: “No puede verlo porque sigue incomunicado”. Ese día por la tarde Patricia Assad “viajó a Valparaíso a dejar a su hijo donde sus abuelos pues debía hacer los trámites para la liberación de su marido”, dice el Auto de procesamiento Rol Nº 114-047, de fecha 05 de enero de 2016 que lleva adelante el Ministro Álvaro Mesa Latorre, a partir “del mérito de la querella interpuesta por don Carlos Marcelo Oliva Troncoso, en representación de la “Agrupación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Ejecutados Políticos de la Araucanía” (…) “por el delito de homicidio calificado de Rubén Morales Jara, perpetrado en la Comuna de Temuco durante el mes de septiembre de 1973(5)”.

El lunes 10 de septiembre a media mañana nuevamente los estudiantes de la Sede de la Universidad de Chile, marchamos hasta la Cárcel, exigiendo la libertad del profesor Morales. Ese día, por la tarde, Patricia viajó desde Valparaíso a Santiago en donde alojaría para continuar a Temuco el martes 11 temprano en la mañana. Sin la necesidad de atender a su hijo Andrés, tendría más tiempo para preocuparse de Rubén. Pero los planes que otros habían urdido para Chile, dirían otra cosa.

“Al llegar a Santiago me fui a la casa de un tío ubicada en San Ignacio al llegar a Avda. Matta, donde me pasarían a buscar las personas que me habían acompañado antes desde Temuco (6)”, declaró al Ministro Meza. Patricia durmió a sobresaltos. Salió de la cama, corrió las cortinas del dormitorio y miró por la ventana. Amaneció nublado el martes 11 de septiembre. Todo tranquilo, salvo el habitual movimiento matinal de las personas que caminan para tomar locomoción. Desde el segundo piso podía verse la esquina de Avenida Matta por la cual de pronto cruzaron tres vehículos militares frente a la calle San Ignacio. En ese instante alguien la llama desde la cocina y escucha que suben el volumen de la radio. La preocupación por Rubén se convirtió en desesperación cuando se entera de que los milicos están intentando derrocar a Allende a través del golpe de Estado del que tanto se ha hablado en el último tiempo.

Una noticia, que ella escucha en la radio, señala que aunque no está confirmado, al parecer el ex General Prats avanza con tropas desde Concepción para reponer el orden constitucional quebrantado. Esto la tranquiliza un poco. Sin embargo, el discurso de Allende por Radio Magallanes, el bombardeo a la Moneda y los bandos militares que se suceden uno tras otro, ya no dejan lugar a dudas: el Golpe Militar ha triunfado. “¿Y lo encabeza el general Pinochet?”, debe haberse Paty llenándose de dudas y recordando que hasta ese momento se consideraba a Pinochet como un general constitucionalista que apoyó a Allende hacía un par de meses cuando lo del tanquetazo (7). Al menos eso decía Rubén. ¿Qué hacer? El miedo, la incertidumbre, la hacen temblar. Seguramente vuelve al dormitorio, se tiende en la cama, y solloza antes de quedarse dormida. Despierta porque alguien toca desesperadamente el timbre de la puerta. “No te acuerdas de mi...”, dice quién entra de manera apresurada, casi corriendo, cuando ella abre y apenas alcanza a hacerse a un lado para que no la choque. “Soy Jaime Eltit, de Temuco, nos conocimos en casa de…”. “Disculpa, no te conocí, estaba medio dormida”, debe haber sido seguramente la explicación de Patricia. Durante un par de horas siguió esperando a los compañeros de Temuco que pasarían a buscarla, lo que no ocurrió. Por la tarde el toque de queda no permitió salir para tratar de contactarse con ellos. Al menos la comida no es un gran problema, dado que los tíos de Patricia tenían alimentos en casa. La incertidumbre que le provocaba el no saber qué pasaría con ella, con Rubén, con Andrés, quien ahora está con sus abuelos, la consume.

Un par de días después “hasta el lugar llegó un jeep del ejército siendo llevada junto a Jaime Eltit hasta la Escuela de Suboficiales, donde estuvieron detenidos todo el día, para luego ser devueltos a la casa de su tío por un oficial de apellido Vergara, donde quedaron junto a otro muchacho cuyo nombre no recuerda, bajo palabra de no escaparse, controlándolos vía telefónica y al poco tiempo Jaime Eltit fue trasladado a Temuco (8)”, puede leerse en el libelo acusatorio del Ministro Meza. (9)

El texto acusatorio del Ministro Meza, señala que en la declaración de Patricia ante él, ella dice que “cuando estuvo detenida junto a Jaime Eltit en Santiago habló con ella un oficial de nombre Pedro López Morales y luego de estos episodios se separó de la familia de su marido e incluso de su propia familia viviendo sola con su hijo, quién cuando tenía 30 años recién tomó contacto con su familia paterna”(10).

Mientras tanto en Temuco arreciaban los allanamientos, detenciones, torturas, asesinatos. A Rubén seguían torturándolo en el Regimiento Tucapel. Recuerdo que cuando llegué a la cárcel de Temuco, en los primeros días de noviembre del 73, conversando con los compañeros de Nehuentue (11), al preguntar por el “Milico”, Pancho Huenuán me dijo que “…a varios nos carearon con él cuando nos trajeron a Temuco…lo torturaban mucho…estaba muy mal”, recordaba, cabizbajo, como compartiendo su dolor. “Un par de días después lo sacaron y ya no volvió…”. “La última vez que lo trajeron…los días del golpe… dos gendarmes tuvieron que entrarlo casi colgando hasta la incomunicación…ya casi no caminaba”, agrega triste el Yayo Ponce, también de Nehuentue. “Pacha” Maturana, nos dijo que una vez que ella iba llegando a la cárcel vio como sacaban al milico “entre dos, casi arrastrando, y lo subieron a un camión…(12)”.

Hasta la cárcel seguían llegando detenidos militantes y simpatizantes de los distintos partidos de izquierda y algunos que poco y nada tenían que ver con estas organizaciones. Muchos se fueron en libertad mientras otros fuimos juzgados en Consejos de Guerra y, una vez condenados, solicitamos hacer uso del Decreto Ley 504 para cambiar la cárcel por el exilio, una vez encontrado un país que quisiera darnos refugio político. Kika, mi compañera y también miembro del partido, quien fue juzgada y condenada en el mismo consejo de guerra que yo enfrenté, antes de salir al exilio escribió una carta a Patricia, enviándosela con un familiar nuestro, en la que “le expresaba nuestra solidaridad y el deseo de mantener contacto con ella e intentar ayudarla desde el exterior”. Nunca supimos si ella recibió esa carta. De ella y de su hijo Andrés no supimos más hasta que Kika y yo, con nuestras hijas Cristina y Javiera, nos trasladamos desde Chiloé a Temuco en 1991, después de regresar del exilio. Al preguntar por Patricia alguien nos indicó su lugar de trabajo. Fuimos a verla y conversamos con ella, sin embargo no se dio la oportunidad de tocar el tema más que superficialmente.

En julio del 93 en el Campus Andrés Bello, de la Universidad de La Frontera en Temuco, inauguramos el Memorial que recuerda a los/as veintiún estudiantes y cuatro académicos, de las Sedes de la Universidad de Chile y de la Universidad Técnica del Estado en esta ciudad, asesinados durante la dictadura. Al terminar el acto, me acerqué a un académico, quien en 1973 estudiaba en la Sede de la Chile en Temuco, quien leía los nombres escritos en la piedra. Le pregunté si conoció a Rubén Morales, si se acuerda de él. “Dicen que se fugó cuando lo trasladaban desde el regimiento a la cárcel…que era un infiltrado,” me respondió. Le dije que todos los nombres escritos en la piedra han sido incluidos en el Informe Rettig como parte del listado de las 2.279 personas detenidas desaparecidas o ejecutados por razones políticas durante la dictadura cívico militar y que “el Milico” Morales no era infiltrado ni se fugó, sino que le aplicaron la “ley de fuga” y es uno de los detenidos desaparecidos de Temuco.

Un par de años más tarde en la UFRO, conversando con la Directora del Departamento en que yo trabajaba, desde su oficina en el segundo piso de la Facultad mirábamos hacia el memorial y hablábamos sobre los compañeros de la Universidad Técnica, en donde ella trabajó como profesora de inglés desde 1973, cuyos nombres están grabados en la piedra. Le recordé que también hay nombres de académicos y le pregunté si conoció a Rubén Morales. “No lo conocí personalmente, pero Mario me contó que Rubén Morales era un infiltrado en el MIR, que los milicos lo tenían fuera del país, que le habían hecho la cirugía estética y que lo habían visto en las Naciones Unidas…” ¿Cual Mario?, le pregunté. “El que el 73 era dirigente estudiantil en la Sede Temuco de la Universidad Técnica del Estado…sufrió tanto Marito…lo persiguieron tanto por ser socialista...yo soy bien amiga de él, siempre lo veo”. Algo molesto, le dije que cuando hablara con él le diga que eso no es cierto, que Rubén Morales era un detenido desaparecido, a quien se le asesinó y que no se sabía dónde estaban sus restos. Como dejando claro que no era ella quien pensaba que el Milico vivía en el extranjero, sino que solo repetía lo que alguna vez escucho, agrega. “Yo pienso igual que tu…mataron a tanta gente estos milicos de mierda…”.

La versión del Milico Morales infiltrado y aún vivo, estaba presente incluso en las opiniones de algunos compañeros que fueron miembros del partido. Recuerdo, por ejemplo, cuando un compañero que vive en el extranjero, en un par de ocasiones en que nos visitó en Temuco a finales de los 90s, nos aseguró que “el Milico está vivo”. “Estoy totalmente seguro”, nos dijo. “Le he seguido la huella y así llegué hasta la casa de sus familiares en Valparaíso. No fue fácil, pero llegué a la casa de su mamá…allí estaba también su hermana quien me pidió que no lo busque más porque el Milico estaba vivo y estaba bien (13)”. Que era todo lo que ella podía decirle, y que no siga buscándolo. Si, hasta finales de los 90s ese compañero estaba convencido que el Milico estaba vivo. Yo contradije su versión entregando argumentos que me llevaban a concluir que el “Milico” estaba muerto, que había sido asesinado en septiembre del 73.

Hoy, con la información recogida durante los últimos años por el Ministro Álvaro Meza Latorre a cargo de las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos en La Araucanía, la que incluye declaraciones de testigos y de los propios inculpados, existe también verdad jurídica que nuestro compañero Rubén Morales Jara fue ejecutado cobardemente sobre el puente Quepe, en septiembre de 1973.

En el libelo acusatorio de la Causa Rol Nº 114.047 del 05 de enero de 2016, en contra de sus asesinos, en el punto 1º letra E) el Ministro Álvaro Meza señala: “Que Rubén Morales Jara fue visto en malas condiciones físicas al interior del regimiento Tucapel con posterioridad al 11 de septiembre de 1973 en dependencias donde funcionaban las salas de interrogatorios que la sección de inteligencia mantenía y en donde eran sometidos a torturas los detenidos. También fue visto en la sala de guardia a la entrada del regimiento. En una de esas oportunidades en horas de la noche se encontraba en la guardia de la unidad militar el Teniente Ayudante del Regimiento, quien además era Secretario del Fiscal Militar Ad– hoc a cargo de la causa en la que Rubén Morales Jara estaba procesado. En un momento determinado apareció en ese lugar el Subteniente Manuel Espinoza Ponce (Q.E.P.D.), Oficial de la Segunda Compañía de Cazadores, quien habría recibido la orden de ejecutar al detenido Morales Jara. Para esto formó una patrulla integrada por a lo menos cinco soldados clase que tenían el grado de Cabo y Sargento entre los que se contaba al Cabo Ernesto René Oberg Parra (Q.E.P.D.) y los procesados de autos Luis Hernán Peña Andaúr, Juan Carlos Figueroa Claus, Román Aquiles Barros Mardones y José Albino Krause Álvarez. El Teniente Ayudante del regimiento, una vez enterado de la misión encargada a Espinoza Ponce ordenó hacer subir al detenido Morales Jara a un vehículo militar ¾ en el cual la patrulla se trasladó hacia un puente ubicado sobre el río Quepe. En ese lugar descendieron con Morales Jara a quien pusieron frente a la baranda del puente. Allí el Subteniente Espinoza efectuó dos disparos sobre el detenido con su arma de servicio. Inmediatamente dos soldados clase arrojaron el cuerpo de Morales Jara a las aguas del Quepe, pero al darse cuenta de que aún estaba con vida efectuaron ráfagas de disparos sobre él con sus armas. Después de esto, la patrulla regresó al regimiento Tucapel donde el Subteniente Espinoza dio cuenta del cumplimiento de la orden al oficial que le había dado tal instrucción” (14) .

El punto 2º del libelo acusatorio del Ministro Meza, en que se somete a proceso a los inculpados, dice: “Que los hechos antes reseñados, en esta etapa procesal, constituyen el delito de homicidio calificado en la persona de Rubén Eduardo Morales Jara, previsto y sancionado en el artículo 391 n.° 1, circunstancias 1° y 5° del Código Penal vigente a la época de los hechos”(15).

Aclarado ya de manera categórica y definitiva que Rubén Morales está muerto y no en el extranjero; y que no se trató de una fuga sino de un asesinato, la duda sobre si fue o no un infiltrado continúa, incluso en muchos compañeros que formaron parte de nuestra organización. Duda que en el partido no nació a partir de la información falsa de su fuga, sino mucho antes.

La posibilidad de que el “Milico” fuera un infiltrado tiene su origen en un rumor que empezó a circular, al interior del MIR en Cautín, a finales de 1972 cuando desde la Dirección Nacional se señaló que existe información de que el partido pudiese estar infiltrado a nivel de Comité Regional. Recuerdo una reunión de la Dirección del GPM Temuco donde se nos plantea la preocupación que tiene el Comité Regional por la posible infiltración. “Que se está investigando.

Que hay que extremar la compartimentación y las medidas de seguridad”. Empiezan las conjeturas y algunos sospechan del “Milico”.
Hay una serie de hechos que hacen verosímil la hipótesis de que Rubén fue un infiltrado que poco a poco fue cuestionando su propia visión de mundo, como resultado de su incorporación a la universidad, primero como estudiante y como académico después, y de su militancia en el MIR. Esto le permitió una comprensión de la realidad económica, política, social y cultural, que explicaba las grandes desigualdades en la sociedad capitalista, como algo intrínseco a ella, y por tanto imposible de resolver dentro de ese mismo modelo de sociedad. Era necesario terminar con ella reemplazándola por una de tipo socialista, planteándose el camino revolucionario como único medio para transformarla. Progresivamente, sus vivencias al interior del partido, la forma de desarrollar nuestro trabajo político, la preocupación por la formación de cuadros, le habrían hecho pensar que sería el MIR el instrumento político que conduciría a obreros y campesinos chilenos al triunfo de la revolución socialista.

¿Cuáles son los hechos que me llevan a pensar que en un comienzo Rubén Morales fue infiltrado en el MIR, y que poco a poco fue abandonando ese rol para terminar transformándose en un militante del partido cuyo compromiso y lealtad le llevaron a ofrendar su vida por esa revolución que haría posible ese cambio radical de sociedad?.

A partir del triunfo de la revolución cubana, el imperialismo norteamericano elaboró nuevas estrategias para América Latina, las que fueron implementadas en distintas áreas. En lo militar la Escuela de Las Américas cobró una importancia fundamental en la preparación de la contrainsurgencia. Allí los militares de distintos países de nuestra América Latina, recibieron instrucción para la guerra contra el “enemigo interno”, concepto creado para referirse a quienes luchábamos por cambiar la sociedad. Así era posible justificar la represión de las fuerzas armadas a su propio pueblo. Una de las tareas de inteligencia fue la infiltración de las organizaciones políticas de izquierda, la que se puso a la orden del día desde mediados de los 60s.

Hacia finales del gobierno de Frei Montalva la IV División de Ejército, con sede en Valdivia, a cargo del General Washington Carrasco, al parecer decide infiltrar al PS en Valdivia y al MIR en Temuco. El año 68 Rubén Morales era un joven Teniente del Regimiento Tucapel. Había sido un destacado estudiante de la Escuela Militar, desde donde egresó como “Primera Antigüedad”(16). En ese tiempo Roberto Moreno, “el Pelao”, era Encargado del partido en Cautín y académico en la Sede de la Universidad de Chile en Temuco. Él había regresado desde Cuba en donde durante un par de años trabajó en el Ministerio de Economía. El MIR estaba en la clandestinidad y él no era un dirigente público, sin embargo seguramente los milicos sospechaban que pertenecía al MIR y que, por tanto, acercarse a él sería un paso clave para iniciar el trabajo de infiltración. Por lo demás era justamente en las universidades donde en esa época el MIR tenía presencia política. Todo hace pensar que en ese momento deciden infiltrar a Rubén quien se incorpora como estudiante de la carrera de Administración donde Moreno dictaba clases.

Conocí a Rubén Morales Jara en 1970 cuando ingresé a estudiar a la Universidad de Chile, Sede Temuco. Allí él era ayudante de Roberto Moreno, quien realizaba clases de economía en la carrera de Administración, y cuando a mediados del 70 el “Pelao” se trasladó a Santiago para integrarse a la Comisión Política del partido, su cargo en la universidad fue llamado a concurso, siendo Rubén el seleccionado y contratado como profesor de economía y estadística.

La actividad política del partido en el año 70 es intensa tanto en las universidades como en el campo. Crece el número de miembros de la dirección del Regional Malleco-Cautín, tanto por la incorporación de los jefes de los nuevos Comités Locales, como por las nuevas funciones que van creándose. Esto, junto a la capacidad político-militar de Rubén, lo convierte prontamente en miembro de este Comité Regional.

Cuando, poco después de su triunfo electoral, el Presidente Allende decide crear el GAP, el partido en Cautín aporta con varios de sus militantes para integrarse a la Guardia Armada Presidencial (17). Desde Temuco son enviados a Santiago, para integrarse al GAP, el “Belto” Alarcón, el “Gringo” Rubinek, el “Burro” Mamerto Espinosa y el “Milico” Morales, entre los que recuerdo. El “Milico” regresó a Temuco solo unas semanas después y fue expulsado del partido porque, contraviniendo las disposiciones de este, “deserta” del GAP. La razón esgrimida por él fue que quería estar cerca de su esposa, quien estudiaba en esta ciudad. La explicación que yo me doy hoy día, en el marco de la hipótesis de que el Milico en ese momento era un infiltrado, es que, probablemente también el ejército debe haber tenido en el GAP a alguien que cumpliera con esas funciones, y que por tanto al “Milico” lo necesitaban en Temuco en el trabajo de infiltración al MIR, tarea en la cual habría sido designado por el General Washington Carrasco (18).

Un par de meses después de su expulsión, conversó con el Hippie Almonacid y conmigo para solicitar reintegrarse al partido en la universidad. Planteamos la solicitud al Comité Local y se nos autorizó integrarlo a una base de simpatizantes, formada por estudiantes. Dado su nivel político y su capacidad teórica, en un par de meses fue cumpliendo etapas en una base estudiantil en la Universidad de Chile y pronto fue nuevamente militante. Entre otras tareas asumió la de organizar el Frente de Trabajadores Revolucionarios, FTR, incorporando a académicos y funcionarios de la universidad.

Pensando en las actitudes que el “Milico” tenía en ese periodo en que supuestamente cumplía con su rol de infiltrado, recuerdo algo ocurrido a finales de 1970. Un día domingo, tres o cuatro compañeros volvíamos hacia el hogar masculino de Avenida Alemania 0458, después de almorzar en el casino de la universidad. Nos encontramos con él en calle Uruguay esquina O’Higgins y nos invitó a la casa de un conocido suyo, no recuerdo su nombre, ubicada a solo unos metros de esa esquina. Después de una breve conversación sobre lo que estaba ocurriendo en el campo con las tomas de fundos, esta derivó hacia el uso de armas de fuego. En un momento extrajo de su chaqueta una pistola Luger con un cargador extra, la que nos mostraba con aire de suficiencia. La sacaba velozmente de la funda, le cambiaba rápidamente el cargador, mientras nos hablaba de las características de la misma y de la importancia de aprender a manejar bien un arma. Algo teníamos que hacer nosotros en el hogar así es que algunos minutos después nos despedimos para continuar nuestro camino.

Kika también recuerda algo de ese periodo, cuando en una oportunidad los estudiantes del MUI solicitamos la “Zanahoria”, como llamábamos a la vieja micro de la universidad por el color con que estaba pintada, para ir a apoyar durante un fin de semana las actividades de una toma de fundo, cerca de Lautaro. Era el tiempo en que el “Milico” recién se estaba reintegrando como simpatizante. “El observaba todo con mucha atención. A los compañeros que hacían guardia a la entrada del fundo; a los grupos que desarrollaban distintas tareas. Iba de un lado a otro, mirando, preguntado, haciendo algún comentario. Ese día, junto a otros compañeros y compañeras del MUI, formé parte del grupo encargado de preparar la comida. Sobre un fuego abierto, dentro un galpón, en una gran olla preparamos ‘porotos con rienda’, para cerca de sesenta personas. Mientras esperábamos que la comida estuviese lista, nos sentamos un momento sobre unos sacos de papas que estaban cerca del fogón. El “Milico”, quien nos observaba, ingresó al galpón y dirigiéndose a algunas compañeras nos dijo, con un cierto tono de ironía, algo así como: ‘Oye…son patuditas ustedes cabritas ah…’. Un par de años después, cuando se empezó a hablar de él como un supuesto infiltrado en el MIR recién me hizo sentido su expresión y al recordar lo que nos dijo pienso que sus palabras tenían un cierto dejo amenazante… que ironizaba, pero de manera bien seria, con nuestro interés revolucionario. Es posible pensar que si bien no había amenaza en sus palabras, al menos si existía una cierta advertencia, como diciendo ‘cuidado cabritas…fíjense bien en lo que se están metiendo’. Sin embargo, cuando lo recuerdo, siempre está presente el compañero cercano, cálido, que inspiraba mucha confianza; siempre preocupado por sus compañeras y compañeros” (19).

Intercambiando opiniones sobre este tema con el compañero Julián Bastías, quien formó parte en esos años de la Dirección del Comité Regional Malleco-Cautín, en uno de sus correos electrónicos me dice: “Cuando Bocho (20) llegó a Temuco el 69, lo hizo clandestinamente, porque trabajaba en "informaciones" con Luciano. Como yo había trabajado en Concepción con Bauchi, (Bautista van Schowen, primo del “Bocho”), él le dio mi contacto. Nos veíamos clandestinamente, yo le daba información y contactos de personeros diversos que yo conocía, para que hiciera su trabajo de inteligencia. El Comité Regional no debía saber de nuestras  conversaciones. Un día me dijo; ‘debes entregar al Comité Regional la información de que hay entre ustedes un infiltrado. La información viene directamente de Luciano (y de su hermano que estaba en el ejército)’. También venía del aparato de inteligencia del PC de Valparaíso. Este infiltrado seria el Milico, y trabajaría para el SIM. Además el Bocho se dio el trabajo de seguirlo durante semanas y efectivamente el Milico se juntaba todos los jueves con un miembro del SIM temucano que Bocho había identificado. Yo entregue la información sin identificar nuestro agente informante. Mucho después ingresa el “Bocho” al Comité Regional. El “Pelao” Moreno me agarro a chuchadas diciendo que eso no podía ser ya que él lo había reclutado y tenía plena confianza en su "segundo" en la Escuela de Administración” (21) .

El proceso de cambio vivido por Rubén debe haberse iniciado tempranamente. Seguramente ya como estudiante de administración, escuchando a Pedro Ríos o a Roberto Moreno. Claro, los textos de la lectura obligatoria en la asignatura de economía, entre los cuales había trabajos de Marx, le entregaron insumos teóricos para ir entendiendo las relaciones de producción en una economía capitalista. Y por supuesto Lenin le ayudó a entender el rol del Estado y sus aparatos de control. Seguramente la lectura de los trabajos de autores de la Teoría de la Dependencia (22) le hizo sentido para entender las condiciones materiales de América Latina y sus contradicciones principales. “A lo mejor esos barbones cubanos, esos peruanos, colombianos, bolivianos alzados en armas tienen razón en su crítica al imperialismo norteamericano y a sus burguesías nacionales así como en las formas de lucha elegidas para terminar con el Estado capitalista”, debe haber pensado Rubén.

Alguna vez el Milico le comentó a Kika que estaba leyendo a Camilo Torres. “De verdad me siento impresionado de la historia y compromiso del cura guerrillero”, le dijo refiriéndose al religioso, miembro del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, “al tiempo que nos recomendaba leerlo” (23). También los hermanos Peredo estaban en sus búsquedas, en sus preocupaciones por conocer más de lo que ocurría en América Latina. Seguramente, estos y otros personajes que aparecían en ese momento histórico iban trazando en él la huella de un camino distinto. Le permitían empezar a pensar de manera diferente, antagónica a la “cuadrada” formación de la Escuela Militar.

Si Rubén era un infiltrado, estos nuevos aprendizajes y la comprensión de la realidad latinoamericana deben haberle permitido mirar con otros ojos a los campesinos de la región que luchaban por “tierra para el que la trabaja”. Seguramente desde un comienzo le fue difícil encontrar en esos campesinos, o en los estudiantes del MUI, o en los militantes del MIR, la imagen del “enemigo interno” del que hablaban en la Escuela Militar los oficiales instructores que regresaban de Panamá. Quizás poco a poco fue considerando legítimas las corridas de cerco realizadas por los mapuches que buscaban recuperar sus tierras usurpadas por los latifundistas. Así como también debe haber considerado justificadas las tomas de fundos hechas por los trabajadores agrícolas que buscaban profundizar el proceso de reforma agraria.

Pienso que la particularidad de la vida partidaria en Temuco, con relaciones humanas caracterizadas por el compañerismo y la solidaridad en torno a los hogares universitarios con las puertas siempre abiertas para recibir a quienes llegaban desde fuera de la ciudad, la permanente disposición a compartir la comida en el casino o el pan del desayuno, ese espíritu característico de la mayoría de quienes conformamos el mirismo temucano, deben también haber influenciado en el proceso de cambio del “Milico”.

Seguramente este cambio, es decir el abandono de su rol como militar formado para defender el orden establecido reprimiendo a quienes quieran subvertirlo, cambio que le llevó a participar ahora desde una perspectiva distinta en las filas de quienes queríamos terminar con el Estado burgués, no fue un “cambio de bando” por interés personal o por cobardía como muchas veces ha ocurrido en la historia. En este caso se trataría del resultado de un proceso que lo habría llevado a entender la realidad de manera distinta, antagónica a lo que él pensaba anteriormente. De un cambio de manera de pensar, y de una toma de posición comprometida con la búsqueda de una sociedad más justa. Y ya incorporado “en cuerpo y alma” al MIR, su capacidad teórica y su práctica política llevaron al partido a encomendarle tareas fuera de la universidad.

Empiezan las instrucciones en Cuba y a uno de los primeros que el partido envía a un curso de oficiales es al “Milico”. Alumno destacado, termina el curso de instrucción en “La Isla” como “Primera Antigüedad”, tal como había ocurrido en la Escuela Militar en Chile. Se comentaba que en Cuba había llamado la atención de sus instructores al utilizar el Sistema PERT o Método PERT, una técnica que permite dirigir una actividad planificada de manera muy eficiente que consiste en la representación gráfica de las tareas, con tiempo, espacio y responsables señalados explícitamente, para alcanzar los objetivos de un proyecto específico. El habría innovado al utilizar esta técnica, ocupada hasta entonces en planificación social, para fines militares. Después de terminar de manera brillante su curso en Cuba regresa a Chile, reincorporándose a la dirección del Comité Regional, aunque sigue haciendo clases en la universidad y compartiendo con nosotros, los miristas de la Chile, en distintas oportunidades. Su recuerdo de ese periodo me lleva a referirme a algunas de las tareas que Rubén desempeñó en la universidad pero, por sobre todo, a algunas de sus cualidades que dan cuenta de su calidad humana.

Su clara comprensión sobre temas relacionados con economía política, particularmente su dominio sobre la Teoría de la Dependencia, su capacidad teórica, la manera de presentar sus argumentos así como su capacidad de polemizar, nos llevaba a proponerlo como panelista en los debates que organizábamos los estudiantes en la universidad y donde el daba muestras de clara comprensión de la realidad latinoamericana así como de su compromiso militante. Rubén desarrolló también una capacidad oratoria impresionante. Además, como me agrega Kika, “tenía una forma de caminar y de pararse, que daba la idea de un hombre muy seguro de sí mismo, un hombre bien parado en la tierra. Pero al mismo tiempo su actitud inspiraba calma, tranquilidad”. Al respecto, me escribe Julián Bastías desde Francia: “El último año de la UP, el Milico me invitó varias veces a alojar en su casa. Comíamos y después leíamos a Gramcsi. Me impresionaba el nivel que había logrado en doctrina y en sociología marxista. Era enormemente superior a Moreno. Usaba un pensamiento dialéctico sobresaliente y había logrado una ética revolucionaria profunda” (24).

Como profesor fue muy exigente, especialmente con quienes formábamos parte del MUI y del MIR. Siempre recordándonos que nuestra primera obligación, mientras fuésemos alumnos de la universidad, era ser no solo buenos estudiantes, sino los mejores.

Mientras escribo esto, Kika me interrumpe para decirme: “Cuando después del golpe se hablaba de él como infiltrado, no lograba asociarlo con eso. Yo lo recordaba como un compañero entusiasta que cada vez más iba valorizando las posibilidades revolucionarias para alcanzar una sociedad más justa…porque era un compañero generoso, con capacidad de entregar afecto, y de apoyar a quienes necesitaban de él” (25).

Si, Rubén fue un compañero generoso, afectuoso, preocupado de apoyar a quienes necesitaban de él, tanto en lo anímico como en lo material. Recuerdo una vez que él estaba en una reunión en el Hogar Mixto, y antes de irse nos visitó, a Kika y a mí, en la pieza en que vivíamos en la parte de atrás del hogar. Seguramente notó algo de tensión entre nosotros y preguntó si nos pasaba algo y uno de los dos le dijo que las relaciones no andaban bien. Preguntó por qué y Kika le dijo que yo no dejaba tiempo suficiente para conversar nuestras cosas. Entonces mirándome muy serio me dijo: “Cuando las compañeras empiezan a reclamar que falta tiempo para la comunicación, hay que escucharlas”. Creo que nos tenía mucho cariño. Nosotros, al igual que el “Gato” Contreras y Toty, y Javier Parada y Paty, vivíamos en piezas de 2 x 3 metros cuadrados. Al salir nos dijo que quería proponernos algo. Que en unos días hablaríamos.

Un par de semanas más tarde, cuando le entregaron su casa, a la que había postulado en un proyecto de vivienda hacia unos años cuando el aún era militar, fue a vernos para contarnos que él y Patricia seguirían viviendo en la casa que arrendaban frente a la universidad y nos propuso que nos fuéramos a vivir a la casa que acababa de recibir. Que allá estaríamos más cómodos. Solo debíamos pagar el dividendo. Así lo hicimos y el golpe nos sorprendió viviendo en esa casa del Milico y de Paty, en la calle Caburgua 01525 de la Villa José Miguel Carrera. Así eran de generosos.

Si bien era crítico con lo que no le parecía bien y lo expresaba con claridad, era cuidadoso al momento de hacer sus observaciones, para no herir a quienes iban dirigidas. Recuerdo que en la reunión del 5 de septiembre por lo del cambio de Encargado del partido en Temuco, si bien criticó con argumentos mi decisión, nunca me descalificó, como si lo hizo José.

Nuestra propuesta de irnos, Kika y yo, a vivir a Chiloé, ya la habíamos discutido un par de veces con algunos compañeros estudiantes durante los últimos días, aunque de manera informal. En dos ocasiones el “Milico” estuvo presente. La primera vez yo fui fuertemente criticado pero el solo guardó silencio. También Kika, mientras almorzaba en el casino, contó que queríamos irnos a Chiloé cuando termináramos nuestros estudios. Dijo que allá teníamos a nuestros padres y otros miembros de nuestra familia. Hubo críticas, alguien señaló que “las situaciones personales no pueden anteponerse a las necesidades del partido. Me corrieron un par de lágrimas y fui al baño a lavarme la cara”, dice Kika. Y recuerda que “al salir Rubén me esperaba en el pasillo, me abrazó, y me dijo: ‘el otro día hablamos esto con el Sonaja (26) y le pasó lo mismo’. Era muy comprensivo” (27).

A pesar de las tareas centralizadas que realizaba después de volver de Cuba, Rubén seguía siendo muy activo en la universidad. Después del verano del 73, el “Milico” empezó a vivir un periodo de mucha tensión. Recuerdo que se comentaba que, un día, en un momento de rabia, dio un golpe de puño a la pared de su casa quebrando una tabla. Paralelamente a eso el “Milico” empieza a recibir amenazas de desconocidos: un par de veces recibió en su casa un sobre enviado por correo, en cuyo interior en una hoja de papel blanco estaba escrito: YAKARTA. Al comentar esto, todos lo asociamos con una amenaza. ¿Qué otra cosa pudiese ser un anónimo con el nombre de la capital de Indonesia? Indudablemente se asociaba con la masacre que las tropas de ese país realizaron contra militantes comunistas los años 1965 y 1966. ¿Por qué se las enviaban a él y no a otros, igual o más conocidos que el cómo militantes del MIR? .

La situación en Temuco se ponía cada vez más difícil con grupos de Patria y Libertad y del Comando Rolando Matus actuando cada vez más descaradamente. Los enfrentamientos durante los desfiles en la calles eran cada vez más violentos. Al respecto Julián Bastías recuerda que “Si Rubén estaba participando era uno de los primeros en contrarrestar las acciones violentas, Como yo lo había visto desfilar en el centro de Temuco exponiéndose a las fotos que tomaban Patria y Libertad y los militares, recuerdo que me permití retarlo por su irresponsabilidad. Me dijo que formaba parte de los revolucionarios  que caerían de los primeros y que yo debiera pensar más bien que eso era inevitable y que debería confiar en el proceso histórico que renovaría constantemente nuevos líderes revolucionarios. Le respondí que debería pensar cuanto tiempo se demora un partido en formar esos líderes, sin contar la singularidad de ellos, su propia personalidad que no se dan todos los días. Le elogié el hecho que ya se había convertido en el gran líder de la izquierda y el movimiento social de Temuco y que debería pensar en preservar su vida. (Sus últimos discursos públicos eran impresionantes).El insistía casi ingenuamente que el proceso revolucionario no lo detendría nada y que yo debería confiar en la conciencia revolucionaria de las masas, etc. etc. Esa fue la última vez que lo vi”(28).

José Peralta nos contó en más de una ocasión, cuando estábamos presos en la cárcel de Temuco, lo vivido al momento de la detención de Rubén Morales. Según el, cuando estaban en casa del “Milico” después de terminar la reunión con la Dirección del GPM Temuco, empiezan a conversar el tema de la infiltración. El “Milico” habría estado medio nervioso y Peralta recuerda en su narración las tablas rotas en la pared. Dice que les dijo algo así: “compañeros, yo tengo una verdad que contarles, pero quiero empezar de atrás para adelante: yo terminé de convencerme de la necesidad del proyecto revolucionario que impulsa el MIR, cuando viajé a cuba. Ahora estoy seguro que la revolución es necesaria y podemos hacerla…” mientras Rubén está hablando alguien mira por la ventana y ve que los milicos están rodeando la casa. Salen arrancando por atrás pero igual los detienen. Se llevan al “Milico” Morales y a José, en realidad a Gustavo Marín(29), le piden el carnet, y le dicen que vaya al día siguiente a retirarlo al Regimiento Tucapel. Él va al otro día muy temprano, nervioso, temiendo que también lo dejen detenido. Sin embargo le entregan su cedula de identidad, sin hacerle preguntas.

No era la primera vez que Rubén quería hablar de esto con el MIR. “En Paris, Peralta me contó que días antes que lo detuvieran, el Milico pidió una entrevista con Ariel y Peralta porque era urgente contar algo de su vida para que no hubiesen dudas de lo que se decía de él. José habría respondido que no íbamos a perder tiempo escuchando tonterías ya que todos los camaradas confiábamos en él y entonces había muchas otras cosas más urgentes que ver”, me dice Julián.(30)

Seguramente, esa tarde del 5 de septiembre Rubén Morales iba a contar que su estadía en Cuba no solo terminó de convencerlo de que había que seguir ese ejemplo, que la única forma de terminar con las injusticias en nuestro país era poniendo fin a la sociedad capitalista para avanzar hacia la creación de una de carácter socialista. La propuesta del cambio social que impulsaba el MIR junto al humanismo que veía en nuestras prácticas políticas seguramente terminó de convencerlo. Tal vez ese día habría pensado contar la historia de su relación con el MIR reconociendo el inicio de la misma, allá por el año 67 cuando el General Washington Carrasco decidió infiltrar al PS y a MIR en la región más boscosa de Chile.

Kika recuerda que en una oportunidad cuando Rubén estaba conversando con algunos estudiantes, dirigiéndose a las mujeres que habían en el grupo les dijo algo así como “si ustedes fueran a cuba, volverían maravilladas con la situación de la mujer cubana hoy”(31), refiriéndose a las posibilidades de nuevas y mejores condiciones de vida para las mujeres en Cuba.

Gustavo Marín, ese es el nombre del José, quien mostraba cierto orgullo porque el Capitán Ubilla, Jefe del Servicio de Inteligencia Militar, SIM y del grupo de torturadores que se formó en Temuco a partir del 11de septiembre del 73, lo invitara a conversar “de oficial a oficial”, según el, cuando estaba detenido en la cárcel de Temuco, nos contó que en una de esas ocasiones él le habría preguntado por el “Milico”. Y que el Capitán Ubilla le habría contestado algo así como: “no se lo pude quitar a la tropa… que quiso matarlo por traidor. Lo que el Morales pedía cuando lo detuvimos era que lo lleváramos a Concepción donde Washington Carrasco. Creía que nos iba a hacer huevones. Hacía ya como dos años que no nos entregaba información”.

En Valdivia ocurrió algo distinto. Según se comentaba en la cárcel, el día del golpe cívico militar el oficial que habían infiltrado allí el año 67 o 68, en el Partido Socialista, había llegado a ser encargado militar y apareció vestido de uniforme a cargo de una patrulla para detener a sus compañeros de partido.

Si el “Milico” en un comienzo no fue un infiltrado, ¿por qué regresó desde Santiago “desertando” del GAP? ¿Por qué antes de dos meses de la expulsión pidió reintegrarse al partido? ¿Por qué los sobres con amenazas llegaban a él y no a otros compañeros? ¿Por qué, si fuese cierto lo dicho por Ubilla, habría pedido que lo llevaran a Concepción para hablar con el General Washington Carrasco? ¿Por qué lo detienen al él cinco días antes del golpe? ¿Esperaban, quizás, “recuperarlo” con la presión de la detención? ¿Cuál era la historia que empezó a contar el día que fue detenido? ¿Por qué la dirección nacional del partido pensaba que el regional Cautín estaba infiltrado? ¿Cuáles eran las razones para que se pensara que era “el Milico” de quien se sospechaba? Me inclino a pensar que las respuestas a estas preguntas solo pueden entenderse en la situación de un teniente Morales infiltrando al MIR a finales de los sesentas.

Un infiltrado que asumió conciencia política y compromiso militante con nuestro proyecto revolucionario, y se convirtió en un militante consecuente de nuestro partido. Eso explica que a Gustavo Marín le entregaran su cédula de identidad en el Regimiento Tucapel el día 6 de septiembre del 73. Eso permitiría entender las amenazas que recibía por correo. También explica por qué Ubilla no quiso enviarlo a Concepción como Rubén pedía; También la escasa información sobre el MIR que tenían los milicos, los tiras y los pacos hasta mediados de noviembre del 73. Ellos sospechaban que éramos miristas pero no tenían idea de las funciones que cumplíamos cada uno de nosotros en la estructura orgánica del partido. En septiembre fueron detenidos y después de unos días de tortura dejados en libertad, el “Gringo” Rubinek; el “Burro” Mamerto Espinoza; el “Boby” Sergio Cuevas, entre otros. El “Chico” Jara miembro de la dirección del GPM Temuco salió en libertad diez días después que yo llegué a la cárcel (32). Si el “Milico” hubiese seguido entregando información eso no habría ocurrido.

Pienso que lo que él quería que supiéramos, y que empezó a contar el día de su detención, era la historia de su proceso de cambio. Ese cambio que explicaría las torturas a que fue sometido y el asesinato cobarde que terminó con la vida de un compañero militante comprometido, de gran temple, con una tremenda capacidad para soportar los tormentos a que fue sometido. Un compañero de una lealtad a toda prueba, que entregó su vida pensando que al no “hablar” estaba protegiendo a todos y todas sus compañeros y compañeras.

Hace algunos días, navegando en internet me encontré en una de las redes sociales con el perfil de Andrés. Si, del hijo de Patricia y Rubén, quien hoy tiene 45 años (33) y es un destacado Ingeniero Forestal. Y en su perfil, en el espacio para escribir la “cita favorita” dice: "Lo que no te mata te fortalece". Y en el lugar para colocar un texto que lo identifique aparece el soneto “No te des por vencido, ni aun vencido” del poeta Almafuerte, seudónimo del argentino del siglo XIX Pedro Bonifacio Palacios. ¿Lo habrá puesto pensando en su padre? Este es el soneto:

No te sientas vencido, ni aun vencido
No te sientas esclavo ni aun esclavo
Trémulo de pavor, piénsate bravo
Y arremete feroz, ya malherido
 
Ten el tesón del clavo enmohecido
Que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo,
No la cobarde intrepidez del pavo,
Que amaina su plumaje al primer ruido
 
Procede como Dios, que nunca llora
O como Lucifer, que nunca reza
O como el robledal, cuya grandeza
 
Necesita del agua y no la implora
Que muerda y vocifere, vengadora
Ya en el polvo, rodando, tu cabeza.



Al leer este soneto siento que es la voz de Rubén quien lo recita. Espero conversar algún día con Andrés. Pienso que es importante que él sepa como recordamos a su padre quienes fuimos sus compañeros en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR.






Nota:
Crónica escrita a mediados del 2018. Este texto forma parte del libro,"De las luchas estudiantiles a las filas de la revolución. Chiloé y Cautin, 1968-1973" Autor del mismo autor Alonso Azocar. DOBLEAEDITORES, Santiago, marzo 2020




1.-
“El Milico”, llamábamos a Rubén Morales Jara, profesor de la Universidad de Chile, Sede Temuco, y militante del MIR.

2.-
Se refería a los compañeros de los Asentamientos Campesinos “Jorge Fernández” y “Arnoldo Ríos”, de la zona costera de Cautín, detenidos los días 29 y 30 de agosto de 1973.

3.-
En enero de 2019, conversando por teléfono con Aldo Contreras, quien vive actualmente en Ámsterdam, él me decía que con posterioridad a esa reunión, José Peralta nombró como Encargado del GPM Temuco al “Negro Osvaldo”.

4.-
Alfredo García era uno de los tres tenientes con los que contaba Gendarmería en la Cárcel de Temuco en 1973.

5.-
Documento consultado el 25 de mayo de 2018 en la página web: https://studylib.es/doc/7784717/temuco-dieciocho-de-marzo-de-mil-novecientos-noventa-y-nueve

6.-
Ver declaración de María Patricia Assad Manríquez, de fs.  26 a fs. 27 de la Causa Rol nº 114.047 que lleva adelante don Álvaro Mesa Latorre, Ministro de Visita Extraordinaria de la Corte de Apelaciones de Temuco, para casos de Derechos Humanos.

7.-
“El tanquetazo” fue una  sublevación militar  ocurrida el 29 de junio de 1973, dirigida por el teniente coronel Roberto Souper, del Regimiento Blindado Nº 2. El objetivo de los sublevados era derrocar el gobierno de Salvador Allende. Las tropas leales al presidente, dirigidas por el Comandante de Jefe del Ejército, Carlos Prats, logró sofocar el intento golpista después de algunas horas.

8.-
Ver declaración de María Patricia Assad Manríquez,   de fs.  31 a fs.  32, de la Causa Rol nº 114.047 que lleva adelante don Álvaro Mesa Latorre.

9.-
Esto es corroborado en la declaración judicial de Ricardo Eltit Spielmann en el proceso Rol 2.182, para investigar el delito de secuestro calificado de su hermano Jaime Emilio Eltit Spielmann, llevado por el Ministro Madrid, quien el 9 de febrero de 2017 dictó sentencia condenatoria, de 7 años contra Alfonso Podlech; 5 años contra Orlando Moreno y Raúl Schonherr, y 3 años contra Hernán Schwartenski Hernán Quiroz y Daniel San Juan. En su declaración Ricardo Eltit “señala que su hermano Jaime fue aprehendido el 13 de septiembre de 1973 en calle San Ignacio con Avda. Matta en la ciudad de Santiago, luego fue conducido por una patrulla militar al Regimiento Tacna y al día siguiente a un departamento ubicado en calle San Ignacio N°1121, segundo piso, bajo arresto domiciliario”. Fallo completo en   consultado el 27 abril de 2018

10.-
Declaración de Patricia ante el Ministro Meza.

11.-
Los compañeros del caso Nehuentue fueron detenidos el 29 y 30 de agosto de 1973 y ya estaban en la cárcel de Temuco cuando detuvieron a Rubén Morales.

12.-
Conversación de Pacha Maturana, Kika Weisser y yo a mediados de 1995.

13.-
No menciono su nombre pues no tengo su autorización para hacerlo.

14.-
https://www.araucaniacuenta.cl/wp-content/uploads/2016/01/Auto-de-procesamiento-114-047-2.pdf  consultado el 4 de mayo de 2018

15.-
Ibid.

16.-
Concepto usado en el lenguaje militar para referirse al alumno mejor evaluado de una promoción o de un curso.

17.-
Hoy en la prensa al GAP se le llama “Grupo de Amigos Personales”.

18.-
El general Washington Carrasco Fernández era en ese entonces el Jefe de la Cuarta División de Ejército con sede en Valdivia. “Destacado miembro de la cúpula golpista, durante el golpe de Estado fue comandante de la guarnición de Concepción. Vicecomandante en jefe de 1979, y ministro de Defensa de 1982”. https://www.memoriaviva.com/criminales/criminales_c/Carrasco_fernandez_washington.htm  consultada el 26 de julio de 2018.

19.-
Conversación con Kika Weisser en septiembre de 2018.

20.-
Se refiere a nuestro compañero de partido Ambrosio Badilla, detenido desaparecido en Temuco a mediados de septiembre de 1973, a quien nosotros conocimos como “Flaco Ariel”. Sobre este querido compañero estoy escribiendo una crónica, la que aparecerá en el Volumen II.

21.-
Correo de Julián Bastías de fecha 16 de junio de 2018.

22.-
La Teoría de la Dependencia nace como contrapartida a la propuestas desarrollistas de la CEPAL y tiene entre sus principales autores a André Günder Frank, Teothonio dos Santos, Ruy Mauro Marini, Fernando Mires, Enrique Cardoso, Enzo Faletto.

23.-
Conversación con Kika Weisser en junio de 2018.

24.-
Correo electrónico envido por Julián Bastías el 16 de junio de 2018.

25.-
Conversación con Kika Weisser en junio de 2018

26.-
Sonaja, era el apodo que me colocaron los compañeros del Hogar cuando llegué a Temuco en 1970, debido a que era “bueno para hablar”.

27.-
Conversación con Kika Weisser en junio de 2018.

28.-
Correo electrónico envido por Julián Bastías el 16 de junio de 2018.

29.-
Gustavo Marín es el nombre de José Peralta.

30.-
Correo electrónico envido por Julián Bastías el 16 de junio de 2018.

31.-
Conversación con Kika Weisser en junio de 2018

32.-
A principios de diciembre Luis Jara fue nuevamente detenido. Condenado por un Consejo de Guerra, en 1976 salió a exilio a Francia, haciendo uso del Decreto Nº 504 de la Junta Militar.  

33.-
Esta crónica la escribo a mediados del 2018.


Ministro-condena a militares - 2020/08/10
Museo de la Memoria








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