Steve Bannon
Steve Bannon empuja movimiento de ultraderecha en América Latina […]
Mundo/2026
El progresismo europeo atraviesa un cambio de ciclo. Desde la debacle electoral que atraviesa Keir Starmer en Reino Unido a la desaparición de la izquierda tradicional en Italia o el colapso del socialismo en Francia. Los resultados de las diferentes elecciones celebradas recientemente demuestran que la izquierda tradicional pierde apoyo electoral en buena parte del continente mientras la derecha y la derecha populista consolidan posiciones impulsadas por el malestar económico, la crisis migratoria y la frustración generacional.
El progresismo europeo atraviesa un cambio de ciclo. Desde la debacle electoral que atraviesa Keir Starmer en Reino Unido a la desaparición de la izquierda tradicional en Italia o el colapso del socialismo en Francia. Los resultados de las diferentes elecciones celebradas recientemente demuestran que la izquierda tradicional pierde apoyo electoral en buena parte del continente mientras la derecha y la derecha populista consolidan posiciones impulsadas por el malestar económico, la crisis migratoria y la frustración generacional.
Hoy en día asistimos a un auge significativo de los partidos de extrema derecha en toda Europa, que se refleja en la emergencia de nuevos partidos y la consolidación electoral de los más veteranos. A imagen y semejanza del Reagrupamiento Nacional (RN) en Francia y de Alternativa para Alemania (AfD), estos movimientos están rebrotando, lo que podría ser el preludio de un nuevo ciclo de extremismo en el conjunto del continente que acabaría repercutiendo en los equilibrios políticos de la Unión tras las elecciones al Parlamento Europeo de junio.
Este doble proceso de normalización de la extrema derecha, por una parte, y de radicalización de la derecha tradicional, por otra, ha abierto nuevos ámbitos de cooperación entre ambas. Italia, Finlandia, Suecia, España y, en el futuro, Austria e incluso Bélgica, son claro testimonio de esta unión de la derecha política. Incluso la CDU alemana parece emprender el peligroso camino de una alianza con la AfD a nivel local. Y es más que probable que esta consolidación de los movimientos de extrema derecha sea una de las principales consecuencias de las elecciones europeas de junio de 202410. En el momento de escribir estas líneas, la extrema derecha se perfila como primera fuerza política en países como Francia, Italia, Austria, Bélgica, Países Bajos y Hungría. Según los sondeos nacionales de intención de voto disponibles, estas formaciones podrían hacerse con más de 180 escaños en el Parlamento de Estrasburgo, un aumento notable respecto a los 130 que tienen actualmente, de un total de 705. Además, a los pesos pesados del RN, Hermanos de Italia, AfD y PiS, se sumarán nuevos actores como la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), Basta (Chega) en Portugal, Sme Rodina en Eslovaquia y los Demócratas daneses.
En vistas a la composición del nuevo Parlamento Europeo saliente de las elecciones de junio de 2024, los dos grupos de extrema derecha –CRE e ID– podrían hacerse juntos con hasta el 23% de los escaños, sin contar los partidos que aún no han manifestado su futura afiliación y que, por tanto, se contabilizan como No Inscritos (NI). Si bien se pueden prever cambios de aquí a la celebración de los comicios, los sondeos apuntan claramente a un desplazamiento del centro de gravedad de la política europea hacia la derecha, y a un aumento del poder corrosivo de la extrema derecha, que sigue oponiéndose a los valores fundacionales de la Unión Europea.
El escenario de una extrema derecha fuerte supone más y mayor peligro para el respeto del Estado de derecho en los estados miembros de la UE. La extrema derecha europea promueve una visión autoritaria de la sociedad, apoyada en la obediencia a las autoridades y el respeto a la ley y el orden –mediante políticas represivas– y en la restricción de los derechos de las minorías. Su sociedad política es, ante todo, una sociedad iliberal, caracterizada por el debilitamiento de las normas y prácticas democráticas, así como de todos los controles y equilibrios judiciales, mediáticos y constitucionales, a imagen y semejanza del escenario político de Polonia o Hungría12.
La creciente influencia de la extrema derecha representa también un importante reto para la derecha tradicional, que se enfrenta a la competencia de estos movimientos en toda Europa. Como consecuencia de ello, existe el riesgo de un mayor endurecimiento de las políticas de inmigración de la UE y, lo que es más importante, de un retroceso conservador en los grandes retos futuros del cambio climático y la transición energética. En este sentido, la presión ejercida por la extrema derecha sobre la derecha conservadora es una amenaza indirecta para el Green Deal europeo y el paquete de ajuste al Objetivo 55 (Fit for 55) destinado a reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% en el horizonte 2030.
A nivel geopolítico, el peso de la extrema derecha podría impactar negativamente en el compromiso europeo con Ucrania: aunque los partidos siguen muy divididos sobre esta cuestión, fraccionados entre los grupos CRE e ID y por la naturaleza de sus relaciones con Rusia, los previsibles buenos resultados esperados del RN en Francia y de la AfD en Alemania debilitarán la capacidad de la UE para seguir apoyando a Ucrania y de sostener las sanciones contra el régimen de Vladímir Putin.
Partido hegemónico durante 40 años, hasta la década de 1970, la socialdemocracia sueca discute su programa, y su propia identidad, en un contexto muy diferente del pasado. En el marco de una sociedad más multicultural, y tras el avance de la mercantilización de las políticas de bienestar, el partido que alguna vez monopolizó el voto de clase obrera busca renovar su programa –y sus prácticas–, con jóvenes que exigen algo más de audacia ideológica.
El Partido Socialdemócrata de Suecia constituye un caso de interés para los progresistas de toda Europa. Fue una fuerza fundamental en la conformación del Estado de Bienestar sueco y contó con una fortaleza única a lo largo de varias décadas, lo que le permitió permanecer en el gobierno más de 40 años consecutivos (1932-1976).
(Enrique Dussel)
El sionismo y la nueva extrema derecha en Europa están reconfigurando sus alianzas
Para profundizar en cómo estas corrientes políticas están reconfigurando sus alianzas, puedes consultar análisis detallados en publicaciones académicas como El sionismo y la nueva extrema derecha o artículos especializados en portales como El Orden Mundial.
Interés estratégico compartido:Históricamente, la ultraderecha europea ha estado ligada al antisemitismo. El giro hacia el sionismo (apoyo al Estado de Israel) le permite a estos partidos blanquear su imagen pública, distanciarse del estigma antisemita y obtener respaldo internacional.
Originado en la Europa del siglo XIX el sionismo fue y sigue siendo, ante todo, una ideología (Lustick, 2003: 98) caracterizada por tres aspectos clave desde sus comienzos: el nacionalismo, el racismo y el colonialismo (Basallote, 2015 y 2017).
Entre el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX el sionismo, aunque rechazado por la mayoría de la comuni dad judía internacional, se fue fortaleciendo, entre otros motivos, por el creciente antisemitismo en Europa. Sin embargo, también convergió ideológicamente con ese fenómeno xenófobo (Brenner, 1983; Schoeman, 1988), llegando igualmente a compartir postulados con la nueva extrema derecha en Europa a partir en el siglo XXI y con populismos calificados de ultraderecha, como constituyen los casos del expresidente estadounidense Donal Trump y del brasileño Jair Bolsonaro. Esta convergencia ideológica, junto a otros factores estratégicos, sería en nuestra opinión, una de las claves que explicarían las controvertidas alianzas entre Israel y numerosos gobiernos y partidos de extrema derecha en la actualidad. Antonio Basallote
Esta convergencia se articula en torno a varios puntos de encuentro:
Convergencia ideológica: Muchos partidos ultras europeos ven al actual Estado de Israel (especialmente bajo posturas cercanas al Likud) como un modelo de etnonacionalismo, un baluarte de Occidente y una primera línea de defensa frente al islamismo y la inmigración.
Ejes ideológicos y discursivos: El vínculo se sostiene fuertemente en el nacionalismo, la lucha contra la inmigración ilegal y el rechazo a lo que consideran el "islamismo radical". Históricamente, muchos movimientos de extrema derecha europea tenían raíces antisemitas, pero en las últimas décadas han redefinido su postura, mostrando un fuerte apoyo al Estado de Israel.
El Sionismo Cristiano: En países como Estados Unidos y partes de América Latina, las iglesias evangélicas conservadoras (consideradas a menudo como sectores de derecha y extrema derecha) son grandes aliadas del sionismo, financiando proyectos en Israel por motivos escatológicos (profecías religiosas).Relaciones políticas concretas: Partidos como el Likud en Israel han cultivado relaciones con líderes conservadores y de ultraderecha en América y Europa (como en Estados Unidos, Brasil y España). En Europa, formaciones de extrema derecha se han posicionado como fervientes defensores de Israel en el Parlamento Europeo.Sin embargo, es importante destacar que no todos los movimientos de derecha o extrema derecha apoyan al sionismo (algunos aún mantienen posturas antisemitas), y dentro del propio movimiento sionista y la sociedad israelí existen posturas progresistas o de centro que rechazan tajantemente aliarse con grupos de extrema derecha.
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