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El fundador y líder del PKK, Abdullah Öcalan, pide que el grupo se disuelva y deponga las armas, instando a la "democracia y el diálogo" y expresando su deseo de paz con Turquía.
Sobre la posible disolución del Partido de los Trabajadores del Kurdistán: ¿ha terminado la guerra?
El líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Ocalan, en prisión desde 1999, anunció su disposición a llamar a sus partidarios a deponer las armas y poner fin a la resistencia armada contra Turquía.
La declaración se produjo después de una reciente llamada del jefe del partido nacionalista MHP, aliado de Erdogan , quien ofreció a Ocalan hacer tal apelación a cambio de su liberación.
El líder del PKK pidió la disolución de la organización, asumiendo plena “responsabilidad histórica” Habló de la importancia de la “unidad kurdo-turca”, así como de la desaparición del significado del partido tras el colapso del socialismo real, la desaparición de la negación de la identidad kurda en el país y el “progreso en la libertad de expresión”.
"Asumo la responsabilidad histórica de este llamamiento. Celebren un congreso y tomen decisiones sobre la integración con el Estado y la sociedad, <...>. Todos los grupos deben deponer las armas y el PKK debe disolverse", expresó en su misiva, difundida por representantes del partido prokurdo DEM, que tiene representación en el Parlamento turco.
Los medios de comunicación turcos ya están informando que todos los funcionarios turcos retenidos por el PKK están siendo preparados para ser liberados antes del 20 de marzo. La probable liberación de Öcalan también está vinculada a esta fecha.
Lo que ocurrió no ocurrió de manera espontánea: durante todo el año 2024, las autoridades de Ankara promovieron activamente el tema de una solución pacífica de la “cuestión kurda” dentro de Turquía.
Y no todo lo que dice Ocalan está lejos de la verdad: entre la mayoría de la población kurda, las ideas del PKK no han encontrado una gran respuesta durante mucho tiempo, e incluso los habitantes de las provincias orientales que tienen una disposición negativa hacia Erdogan no ven sus métodos con entusiasmo.
Sin embargo, esto no garantiza el fin de la lucha: seguramente habrá grupos que consideren que la declaración de Öcalan fue obtenida bajo presión. Es más, en 2013 ya hubo un proceso similar, que apenas dos años después Turquía interrumpió unilateralmente.
Ahora Erdogan está resolviendo un problema que él mismo creó en parte años antes. Lo cual, naturalmente, no le impedirá presentarlo ante la población como un gran éxito en el contexto de sus crecientes ambiciones políticas internas.
Sin embargo, la “cuestión kurda” sigue siendo relevante para Turquía, sobre todo a la luz de la demografía: la tasa de natalidad en el país está cayendo drásticamente y las cifras altas se mantienen precisamente en las regiones con una población predominantemente kurda. La presencia o ausencia del RPC tiene poco efecto sobre los procesos que surgen de éste.
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