Steve Bannon
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Chile/Salud
Muchos de nosotros tenemos la tendencia a recurrir a la comida para manejar nuestras emociones o solo para sentir un poco de confort o un poco de tranquilidad. Inconscientemente recurrimos a la comida para manejar el estrés o alguna emoción negativa como la tristeza, la soledad o el aburrimiento durante un fin de semana sin programa.
l hambre emocional o el comer emocional es utilizar la comida para sentirse mejor. Es decir, tratamos de satisfacer nuestras necesidades emocionales a través de la comida y comemos por esa razón en lugar de tener un hambre física, que es la necesidad de nutrir a nuestro cuerpo.
Gemelos digitales médicos: la nueva frontera de la medicina personalizadaEl hambre emocional aparece de repente. Llega en un instante y se siente abrumadora y urgente. Por otro lado, el hambre física, aparece de manera más gradual. Las ganas de comer no son tan extremas ni requieren de atención inmediata (a menos que no haya comido en mucho tiempo).
Algunas de las causas de alimentación emocional:
Las emociones: comer puede ser una forma de silenciar temporalmente o "sofocar" las emociones incómodas, como la ira, el miedo, la tristeza, la ansiedad, la soledad, el resentimiento y la vergüenza. Mientras te adormeces con la comida, puedes evitar las emociones difíciles que preferirías no sentir, es como una forma de ignorar tus emociones o tener miedo de sentir y afrontar esa emoción.
Estrés: Cuando el estrés es crónico, como ocurre a menudo en nuestro mundo caótico y acelerado, tu cuerpo produce altos niveles de cortisol, la hormona del estrés. El cortisol provoca antojos de alimentos salados, dulces y fritos, alimentos que te brindan una explosión de energía y placer. Mientras más estrés descontrolado haya en tu vida, más probabilidades tendrás de recurrir a la comida para obtener alivio emocional.
Alternativas a la alimentación emocional
Si estás deprimido o solo, llama a alguien que siempre te haga sentir mejor, juega con tu perro o gato o mira una foto favorita o un recuerdo preciado.
Si estás ansioso, gasta tu energía nerviosa bailando con tu canción favorita, apretando una bola de estrés o dando una caminata enérgica.
Si estás agotado, consiéntete con una taza de té caliente, toma un baño, enciende algunas velas aromáticas o envuélvete en una manta caliente.
Si estás aburrido, lee un buen libro, mira un programa de comedia, explora el aire libre o haz una actividad que te guste (tocar la guitarra, dibujar, colorear, hacer álbumes de recortes, etc.).
Si este artículo te ayuda a refleccionar y descubres que comes por ansiedad, que puede ser la causa de tu sobre peso y a encontrar medios para manejar tus emociones, no dejes de pensar en las recomendaciones, habla con tu amistad, tu hermano-a.
¿Qué es el hambre emocional?Chiara Vittorini, Psicóloga con orientación Análisis bioenergética, Según ésta profesional, existe una relación muy estrecha entre las emociones y la comida. A menudo, ciertos alimentos parecen tener el "poder mágico" de mantener a raya ciertas experiencias emocionales. Este es el mecanismo que subyace al hambre emocional o hambre nerviosa: la persona experimenta sensaciones y emociones fuertes y desestabilizadoras, y es incapaz de darles un significado o expresarlas de forma eficaz.
Esto hace que la angustia resultante le lleve a recurrir a ciertos alimentos para mantener a raya la emocionalidad que percibe como inmanejable y destructiva. Así, la persona encuentra una forma de aliviar la ansiedad y la confusión comiendo compulsivamente ("siento ansiedad en el estómago y sigo comiendo aunque no tenga hambre”).
Por lo tanto, el hambre emocional surge como una estrategia de autocuidado porque promete una satisfacción inmediata y una suspensión de la ansiedad (“no tengo hambre pero como de todos modos”). Sin embargo, se trata de una liberación momentánea. Pronto, este mecanismo se convierte en una prisión que mantiene en jaque a la persona.
Hambre física y emocionalSegún Chiara Vittorini, Comer con prisas aunque no tengamos la sensación de tener hambre, como hemos visto, es lo que ocurre en el hambre compulsiva. Aunque también se puede dar la situación en la que comemos deprisa cuando tenemos mucha hambre. Pero, ¿cómo podemos reconocer cuándo se trata de hambre emocional por estrés o ansiedad por comer y cuándo es nuestro organismo el que necesita alimentarse?
El hambre emocional surge de un frenesí mental y suele ir acompañado de una sensación interna de vacío y desasosiego, pero carece del clásico rugido en el estómago (que es un signo del hambre fisiológica). Se trata de un impulso incontrolable que no crece gradualmente (como el hambre fisiológica), sino que estalla de repente y exige una satisfacción inmediata, independientemente de cuándo se haya ingerido la última comida. El hambre emocional impulsa a buscar alimentos que alivien inmediatamente el malestar y reconforten las emociones que nos perturban.
Mientras que el hambre fisiológica se aplaca comiendo, al enviar señales de saciedad al cerebro una vez que el estómago está lleno, el hambre emocional empuja a comer incluso más allá del nivel de saciedad para llenar un vacío que está relacionado con la emocionalidad. Esto ocurre, por ejemplo, con la adicción a la comida o en la bulimia nerviosa.
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